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Una nave espacial llegó a Mercurio y busca resolver si el planeta ayudó a formar nuestra luna

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Redaccion, 4 de septiembre.- Durante décadas, la explicación más difundida sobre el nacimiento de la Luna sostuvo que un cuerpo del tamaño de Marte, conocido como Theia, chocó contra la Tierra primitiva y lanzó al espacio una enorme masa de roca que, con el tiempo, dio origen al satélite.

Ahora, dos avances distintos empujan esa discusión hacia un terreno nuevo. Por un lado, la misión BepiColombo se acerca a Mercurio con instrumentos capaces de examinar su composición con un nivel de detalle inédito.

Por otro, simulaciones recientes plantean que la Luna pudo tomar forma en apenas cinco horas después del impacto, un plazo mucho más breve que el aceptado hasta ahora.

La coincidencia entre ambas líneas de investigación no prueba por sí sola una respuesta definitiva, pero sí reordena el mapa de preguntas sobre los primeros millones de años del sistema solar. El eje ya no pasa solo por identificar qué objeto chocó con la Tierra, sino también por establecer de dónde salió el material expulsado, qué les ocurrió a los planetas rocosos en esa etapa caótica y por qué Mercurio conserva rasgos tan extraños para su tamaño.

La nave BepiColombo, desarrollada por la Agencia Espacial Europea (ESA) junto con la agencia japonesa JAXA, inició en estos días la fase final de un viaje que comenzó en 2018. Tras separarse de su módulo de crucero, los dos orbitadores que integran la misión siguieron rumbo al planeta más próximo al Sol. Si el cronograma se cumple, entrarán en órbita en noviembre y luego comenzarán a estudiar el mundo más pequeño del sistema solar desde distintas alturas.

Esa llegada tiene un peso especial porque Mercurio todavía conserva varios enigmas abiertos. Su núcleo de hierro representa cerca del 65 % de su masa total, una proporción muy superior a la de la Tierra, cuyo núcleo concentra alrededor del 32 %. Esa diferencia llevó a muchos investigadores a pensar que el planeta perdió buena parte de sus capas externas en una gran colisión ocurrida hace unos 4.500 millones de años. Si eso fue así, la pregunta inmediata resulta inevitable: dónde terminó ese material ausente.

Una de las ideas que circulan en la ciencia planetaria sostiene que parte de ese material pudo contribuir, de alguna forma, al origen de la Luna. El planteo no reemplaza de manera automática el modelo de Theia, pero sí suma una variante más compleja, en la que los primeros choques entre cuerpos jóvenes del sistema solar habrían mezclado restos, trayectorias y superficies con mayor intensidad de la que se creía.

El científico principal del proyecto BepiColombo en la ESA, Geraint Jones, resumió esa línea de trabajo con una hipótesis de larga data.

“Se cree que en algún momento del pasado lejano, hace 4.500 millones de años, cuando todos los planetas se estaban formando en los restos que rodeaban al Sol, Mercurio comenzó a formarse, creó un planeta de tamaño modesto y luego fue golpeado por otro gran planetesimal, que le arrancó la corteza exterior”. Según agregó, entender mejor el interior del planeta permitirá poner a prueba esa teoría.

La misión lleva instrumentos destinados a estudiar la composición mineralógica y elemental de la superficie, el campo magnético, la estructura interna y la actividad geológica. Ese conjunto puede ayudar a determinar si Mercurio perdió materiales livianos en un choque de gran escala y si sus capas externas presentan huellas compatibles con ese episodio. También puede precisar cómo se distribuyen elementos que funcionan como marcadores de origen y temperatura.

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