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Vigo, la ciudad más lluviosa de España, está a 22 días de quedarse sin agua potable «de calidad»: «Si esto no es una emergencia, que baje Dios y lo vea»

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Madrid, 4 de noviembre.- 22 días. Eso es todo lo que le queda a Vigo de suministro de agua potable «con garantías de calidad» si las lluvias no regresan. El embalse de Eiras (Pontevedra), del que dependen más de 400.000 personas de la ciudad y otros ocho municipios de su entorno, se encuentra bajo mínimos históricos tras un otoño especialmente seco. Una situación insólita para la localidad que en enero encabezaba, según la Aemet, la clasificación de las más lluviosas de España y que ahora contempla cómo se acerca el 26 de noviembre sin garantías de que el agua siga siendo apta para el consumo.

«Nos enfrentamos, sin ninguna duda, a la peor sequía de nuestra historia», advierte a EL MUNDO el alcalde de Vigo, Abel Caballero. A comienzos de esta semana, el embalse apenas se encontraba al 33,6% de su capacidad, cuando por estas mismas fechas del año pasado todavía almacenaba un 77,3%. Y lo peor es que el descenso no da tregua. «Estamos perdiendo unos 0,6 puntos diarios. Si seguimos así, mañana estaremos firmando un nuevo mínimo», pronostica el regidor.

La sequía ya había puesto contra las cuerdas a más de 90 municipios gallegos durante el verano. En Vigo, Caballero pidió a los vecinos que redujeran el consumo, suspendió los baldeos de las calles y cerró las duchas de sus 50 playas para intentar contener la caída de las reservas. Pero ni siquiera estas medidas han bastado para llegar con holgura a las Navidades. Y algunas, recuerda el alcalde, fueron tachadas de exageradas. «En julio ya decían que el alcalde de Vigo era apocalíptico. Bueno, pues parece que el Apocalipsis ha llegado y ha terminado dándome la razón», ironiza.

De momento, la ciudad resiste gracias a la renovada potabilizadora de O Casal, que el Ayuntamiento puso en marcha el año pasado para poder tratar agua de peor calidad, especialmente cuando el descenso de las reservas eleva la concentración de hierro. Pero hasta esta infraestructura tiene sus límites. Aunque el embalse podría disponer de líquido suficiente para otros 58 días, los técnicos municipales no pueden garantizar que siga siendo apto para el consumo durante todo ese tiempo. «Podrían empezar a aparecer problemas de turbidez o incluso llegar un momento en que el agua dejase de ser potable. Si todavía tenemos tres semanas de margen es gracias a los 25 millones de euros que invertimos en esta instalación. Pero no basta», lamenta Caballero.

El alcalde insiste en que la solución pasa por construir otra presa. «Llevo 15 largos años pidiéndoselo a la Xunta y parece que se lo toman a broma. Antes quizá no era tan urgente porque llovía lo suficiente, pero el cambio climático ya está aquí», reprocha. Según recuerda, Eiras apenas puede almacenar 22 hectómetros cúbicos, suficientes para cubrir entre siete y ocho meses de consumo en el mejor de los casos. Una capacidad que palidece ante los «más de 3.000 de algunas de las grandes presas de Extremadura» y que, a su juicio, se queda cada vez más corta para una población que no deja de crecer.

El desencuentro viene de lejos. Ya en 2019, el Ayuntamiento, la Xunta y el Gobierno central firmaron un acuerdo para estudiar posibles alternativas al abastecimiento, entre ellas la construcción de un nuevo embalse aguas arriba de Eiras. Pero siete años después, el proyecto sigue en el aire y las discrepancias entre administraciones no han hecho más que enquistarse.

La última muestra de este enfrentamiento llegó ayer, cuando el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, anunció que convocaría al Comité de Sequía para estudiar posibles medidas, aunque rebajó la gravedad del escenario a una situación de «preocupación, pero no de emergencia». Una valoración que ha sentado como un tiro a Caballero. «Está de broma. ¿Ah, que ahora resulta que hay un baremo para catalogar las situaciones y una de ellas es de preocupación? ¡Si esto no es una emergencia, que baje Dios y lo vea! La situación es de alerta total», replica.

Con todo, el ansiado alivio podría llegar este fin de semana, cuando las previsiones anuncian el regreso de las lluvias. Pero Caballero recuerda que, de momento, no son más que pronósticos y que no se puede seguir dejando el abastecimiento a merced del cielo. El alcalde se muestra convencido de que encontrarán una solución para que la crisis no empañe su famoso encendido navideño, aunque no se resiste a lanzar una última pulla: «Si al final no hacemos nada y lo fiamos todo a la lluvia, tampoco necesitaremos una Consejería de Medio Ambiente, porque llueve o deja de llover independientemente de lo que haga el consejero».

EL MUNDO trató de recabar ayer la versión de la Consejería de Medio Ambiente y Cambio Climático de la Xunta de Galicia sobre la situación del embalse y las reclamaciones del alcalde de Vigo, sin obtener respuesta antes del cierre de esta edición en su versión impresa

El embalse de Eiras se encuentra bajo mínimos históricos y amenaza el abastecimiento de más de 400.000 personas. Abel Caballero advierte a EL MUNDO de que la situación es de «alerta total» y asegura que se trata de «la peor sequía» de su historia

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