Victoria, 29 de octubre.- El resultado final de las elecciones de este martes en Israel ha confirmado al Likud del primer ministro, Benjamin Netanyahu, como la fuerza más votada pero tanto su bloque como el de la oposición que lidera Gadi Eisenkot se han quedado muy lejos de la cifra mágica de los 61 escaños en la Knesset, según los últimos datos de la Comisión Electoral Central, por lo que se auguran días si no semanas de negociaciones para intentar evitar que los israelíes tengan que pasar de nuevo por las urnas.
Netanyahu y sus aliados, los ultraderechistas Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich y los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, han conseguido sumar 53 escaños, 27 de ellos del Likud, que ha cosechado un resultado mejor del que le auguraban la semana pasada los sondeos. Por su parte, Yashar, el partido del exjefe del Estado Mayor Eisenkot, se ha quedado en 21 y junto a sus aliados de Juntos –el partido de Naftalí Bennet y Yair Lapid–, Los Demócratas –alianza de Laboristas y Meretz– e Israel Beitenu de Avigdor Lieberman, ha sumado 48.
Pero la sorpresa de estas elecciones han sido los partidos árabes, que han logrado su mejor resultado hasta la fecha, sumando 19 escaños –11 para la Lista Conjunta y 8 para la Lista Árabe Unida–, y dejándoles con la llave de la gobernabilidad del país. La participación masiva de este grupo, que representa el 20% de la población de Israel, ha sido clave para este hito, que Netanyahu y su partido han puesto en tela de juicio.
Así, Israel amanecía este jueves con la noticia de que el Shin Bet, el servicio de seguridad interior, estaba investigando una supuesta injerencia extranjera en los comicios a favor de los partidos árabes. El foco se ha puesto entonces en principalmente en Qatar y también en la Lista Árabe Unida, formación que ya respaldó al Gobierno del cambio de Bennet y Lapid en 2021 y cuyo líder, Mansur Abbas, fue ministro de la misma.
Posteriormente, desde la Comisión Electoral, cuyo presidente fue quien solicitó la investigación, se ha aclarado que la «integridad» de los comicios no se ha visto afectada y han descartado que pueda afectar al resultado final o provocar una repetición de las elecciones, mientras que el Shin Bet ha aclarado que la investigación estaba «enfocada y limitada en su alcance» y ha advertido que no se puede acusar a todo un colectivo que «salió a votar de forma democrática y legal».
Por su parte, Eisenkot ha cargado contra Netanyahu y el Likud, acusándoles de «una campaña organizada para deslegitimar el resultado» porque «han perdido» y ha asegurado que no permitirá que se impida que los nuevos miembros de la Knesset juren sus escaños como está previsto el próximo 10 de noviembre. En este sentido, ha reiterado que en la oposición ya están trabajando en la ley para obligar a los ultraortodoxos a enrolarse en el Ejército y también para la creación de una comisión de investigación del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.
En esta tesitura, el presidente de Israel, Isaac Herzog, está llamado ahora a desempeñar un papel fundamental. El jefe de Estado deberá iniciar el próximo 4 de noviembre la ronda de contactos con los líderes de los distintos partidos, quienes deberán trasladarle el nombre de quien creen que debería ser el próximo primer ministro. Herzog encargará entonces a quien crea que tiene más opciones de cosechar el mayor respaldo, sin que necesariamente tenga que ser el líder del partido más votado, es decir, Netanyahu.
El elegido tendrá 28 días para presentar su Gobierno, si bien cabe la posibilidad de que el presidente le dé otros 14 días más. Una vez completado el plazo, el candidato y su gabinete se someterán al voto de la Knesset, donde solo necesitarían conseguir más votos a favor que en contra. Si fracasa, Herzog podrá encargar a otro diputado –a priori el líder del bloque rival– intentar formar gobierno, para lo cual dispondrá de 28 días, sin posible ampliación, o bien trasladar al presidente de la Knesset que no ve factible que ningún diputado lo logre.
Tanto en esta última circunstancia como si el segundo candidato fracasa, la Knesset dispone de un plazo de 21 días para que 61 diputados puedan proponer a su propio candidato. Si también esta última opción no sale adelante, los israelíes volverán a ser llamados a votar en un plazo de 90 días.
En el bloque opositor ya han iniciado este jueves los contactos para coordinarse. Eisenkot se ha reunido con Bennet mientras que el líder de Los Demócratas, Yair Golan, se ha reunido tanto con el líder de Yashar como Lapid a lo largo de la jornada y ha prometido que no dejará «piedra sin remover» para «salvar Israel» junto a sus socios.








