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Vaca Muerta: un puerto que exportó hierro y estuvo 30 años abandonado ahora renace como la gran puerta de salida del petróleo argentino

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Redacción, 29 de octubre.- Montañas bajas, arbustos que no llegan al metro de altura, cielo abierto y un calor que desconcierta en una región más asociada al frío. La Patagonia atlántica —la zona costera de Río Negro— recibe apenas entre 200 y 300 milímetros de lluvia por año, una de las más áridas del país. Kilómetros y kilómetros de estepa, con algún arcoíris perdido que recuerda que el fenómeno de El Niño también alcanza a este rincón seco del país, hasta que de repente tres enormes tanques metálicos aparecen en el horizonte.

Horas de ruta mediante desde cualquier ciudad patagónica, hay un asentamiento donde hoy viven alrededor de 1.100 personas y trabajan diariamente un total de 1.600. Es Punta Colorada, y lo que se construye ahí es el proyecto que permitirá que la Argentina pase de ser un país con petróleo a un país exportador de petróleo.

Este rincón de la costa rionegrina no es tierra virgen para la ambición industrial. En 1969, el Estado argentino creó HIPASAM (Hierro Patagónico de Sierra Grande Sociedad Anónima Minera), bajo la órbita de la Dirección General de Fabricaciones Militares, para explotar el yacimiento de hierro de Sierra Grande. El complejo albergó la mina de hierro subterránea más grande de Sudamérica, con una red de galerías que llegó a superar los 90 kilómetros. El mineral se transportaba a través de un mineraloducto de 32 kilómetros hasta este mismo puerto de Punta Colorada para su embarque. Durante los años 70 y 80, Sierra Grande se convirtió en un polo minero pujante que multiplicó su población. En 1992, un decreto del gobierno de Carlos Menem disolvió la empresa y la ciudad se vació. Pero, el puerto y la ambición quedaron, junto con el mar, que golpea la costa de la ciudad.

Décadas después, sobre las mismas instalaciones de aquel sueño frustrado, el país apuesta a una nueva era energética. El mineraloducto del hierro cedió su lugar a un oleoducto de petróleo. El protagonista esta vez es Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS), y la escala es todavía mayor.

VMOS es un proyecto de USD 3.000 millones liderado por YPF e integrado por otros ocho socios: Pan American Energy, Vista Energy, Pampa Energía, Pluspetrol, Tecpetrol, Shell, Chevron y GyP.

El consorcio conecta la producción de crudo no convencional de la cuenca neuquina con la terminal marítima de Punta Colorada a través de 437 kilómetros de cañerías de 30 pulgadas (76 centímetros) de diámetro, más un tramo submarino de 15 kilómetros que une la terminal de almacenamiento con las monoboyas en alta mar.

Lo que hace singular al proyecto no es solo su escala, sino su velocidad. En julio de 2024, el consorcio no tenía ni terreno. Hoy, con 18 meses de ejecución, la obra lleva un 85% de avance. El tendido principal del oleoducto se terminó en noviembre de 2025, con la última soldadura en el ingreso a la terminal de Punta Colorada. Lo que resta es la parte más compleja: la terminal marítima y sus equipos, muchos de ellos llegados desde India, con alrededor de 50 contenedores aún pendientes de instalación.

Río Negro fue la primera provincia argentina en adherir al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) nacional, una decisión que Gustavo Gallo, vicepresidente de Infraestructura de YPF y presidente de VMOS, destacó como determinante. “No solo en términos económicos, sino de seguridad jurídica para los inversores”, señaló durante la visita. El financiamiento de la obra también marcó un hito: el consorcio accedió a un préstamo sindicado de USD 2.000 millones con 14 bancos internacionales encabezados por Citi, Deutsche Bank, JP Morgan, Itaú y Santander —el mayor financiamiento comercial para infraestructura en la historia argentina—, más un aporte de capital propio del 30% por parte de las empresas socias.

El campamento de Punta Colorada funciona como una ciudad paralela. De las 1.600 personas que trabajan a diario en la obra, 1.100 viven en el predio en un régimen de 4 días de trabajo de 12 horas seguidos de 4 días de descanso para quienes operan las 24 horas; otros lo hacen en horario de oficina.

El personal actual se dedica íntegramente a la construcción. Una vez que la obra concluya y comience la operación del oleoducto, se prevé el ingreso de 200 trabajadores adicionales destinados ya a la gestión y operación de VMOS.

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