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Woody Allen rueda en Madrid su proyecto 51 entre críticas al cine comercial

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Nueva york, 28 de octubre.- El cineasta estadounidense Woody Allen ha iniciado en Madrid el rodaje de su película número 51, una comedia romántica ambientada en el ámbito diplomático que marca su retorno a la dirección tras haber anunciado su retiro. La producción, respaldada con tres millones de euros procedentes de arcas públicas madrileñas con el objetivo de promocionar la imagen turística de la región, sitúa nuevamente al director neoyorquino en el centro de la controversia sobre los modelos de financiamiento cultural y la evolución de la industria cinematográfica global.

El rodaje, programado para desarrollarse durante seis semanas en más de treinta localizaciones de la capital española y sus alrededores, cuenta con una aportación financiera equitativa de 1,5 millones de euros por parte del Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad Autónoma. Durante la presentación del proyecto junto a las autoridades locales, Allen —quien cumplirá 91 años a finales de noviembre— calificó la ciudad como el marco idóneo para una historia articulada sobre el romance, la intriga y la infidelidad. Con esta obra, el autor revierte las declaraciones vertidas en 2023 tras el estreno de Golpe de suerte, donde afirmaba que la realización cinematográfica se había convertido en una dinámica exhaustiva.

Sin embargo, la inyección presupuestaria otorgada al proyecto ha desencadenado un intenso debate dentro del sector audiovisual local. La cifra global concedida al cineasta neoyorquino iguala la totalidad de la partida presupuestaria que el gobierno regional destinará en 2026 para la ayuda a la producción de largometrajes independientes. Esta filmación representa la tercera ocasión en que España sirve como plató para Allen, tras las experiencias previas de Vicky Cristina Barcelona en 2008 y Rifkin’s Festival en 2020, consolidando una fórmula de patrocinio institucional a cambio de proyección internacional.

La encrucijada entre el respaldo institucional y las dinámicas del mercado audiovisual enlaza con la propia visión que el director ha manifestado históricamente sobre la industria. Durante la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002, Allen contrapuso el modelo de los grandes estudios norteamericanos con la tradición del cine de autor europeo personificada por creadores como Federico Fellini, Luis Buñuel, Ingmar Bergman y François Truffaut. En aquel momento, el realizador lamentó que la industria de su país hubiera entrado en una fase predominantemente mercantilista donde las producciones se diseñan de forma prioritaria para maximizar ingresos económicos.

En su diagnóstico del estado del arte, Allen advirtió entonces sobre el peligro de que los contenidos cinematográficos quedaran relegados al menor denominador común cultural, criticando la sobrepenetración tecnológica a costa de las narrativas humanas. A las puertas de su novena década de vida, la permanencia del realizador en el ejercicio activo evidencia las contradicciones de una industria fracturada entre el marketing territorial de las metrópolis europeas y la rentabilidad corporativa de Hollywood.

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