Redacción, 21 de septiembre.- Groenlandia y la Antártida acumularon durante décadas una pérdida de hielo que hoy se traduce en cifras que alarman a la comunidad científica: 12,5 billones de toneladas de masa glaciar desaparecida desde 1979, con una aceleración sostenida que encuentra su pico más alto en la década de 2010. Ese derretimiento empujó el nivel global del mar 3,2 centímetros hacia arriba, con consecuencias directas para millones de personas en zonas costeras.
El dato surge de un estudio publicado en la revista Scientific Data, que combina más de cuatro décadas de observaciones satelitales. Los registros se extienden hasta 1979 para la Antártida y hasta 1972 para Groenlandia, lo que convierte a esta investigación en uno de los análisis más completos sobre el comportamiento de las capas de hielo polares. Durante los años setenta y ochenta, esas masas glaciares se mantuvieron relativamente estables; el quiebre llegó en los noventa.
Los datos del estudio dibujan una curva de deterioro que crece con cada década. Desde los noventa, la pérdida de hielo comenzó a intensificarse, y la aceleración más pronunciada se registró entre 2010 y 2019. Inès Otosaka, especialista en hielo de la Universidad de Northumbria, Inglaterra, lo sintetiza con claridad. “Existe una tendencia clara de que las capas de hielo están perdiendo cada vez más masa y esta pérdida va en aumento década tras década”, afirmó en declaraciones recogidas por Euronews.
Otosaka subrayó también que esos cambios están “claramente vinculados al aumento de las temperaturas del aire y del océano”. El calor marino actúa sobre los glaciares de dos maneras: erosiona el hielo por debajo y en sus bordes, y acelera el desplazamiento de la masa glaciar hacia el océano. El caso del glaciar Jakobshavn, en Groenlandia, ilustra esa dinámica con una cifra contundente: retrocede hasta 50 metros al día.
Según los investigadores, cerca del 84% de la masa perdida corresponde a hielo que drena hacia los océanos; el 16% restante se explica por procesos que ocurren en la superficie glaciar. El mecanismo detrás de esa proporción dominante es el agua de mar más cálida, que erosiona los glaciares desde sus bases y márgenes, con lo que acelera su avance hacia el mar.
Ese flujo sostenido de hielo hacia el océano es el principal motor del ascenso del nivel del mar. Desde 1979, la contribución combinada de ambas regiones suma 3,2 centímetros de subida. La cifra puede parecer modesta, pero los científicos advierten que cada centímetro adicional expone a entre dos y tres millones de personas más a inundaciones costeras por año.
Entre 2020 y 2023 se registró una desaceleración en la pérdida de hielo. Sin embargo, los investigadores aclaran que ese respiro obedece a patrones meteorológicos de corto plazo y no refleja un giro en la dinámica estructural del sistema. La distinción es importante: la variabilidad climática anual puede enmascarar una tendencia que, en el largo plazo, mantiene su dirección.
La comunidad científica advierte, además, que la manera en que las capas de hielo reaccionan frente al cambio climático puede requerir varias décadas para hacerse plenamente visible y para mostrar todas sus consecuencias. Esto significa que la pérdida de masa glaciar continuaría desarrollándose incluso en una situación hipotética en la que el calentamiento global se frenara y se detuviera de manera inmediata.
El estudio, publicado en Scientific Data, es el análisis más exhaustivo que se realizó hasta el momento en la reconstrucción histórica del comportamiento que manifestaron las grandes masas de hielo polares.








