Redacción, 21 de septiembre.- Los moretones, las quemaduras y los cortes sin una explicación clara pueden ser señales de violencia contra personas menores de edad, según advirtió el Organismo de Investigación Judicial (OIJ). El investigador Roberto Pérez, de la Sección Especializada en Violencia de Género, Trata de Personas y Tráfico Ilícito de Migrantes, indicó a El Observador que los dolores recurrentes de cabeza o estómago sin una causa médica identificable también requieren atención.
Las personas adultas responsables deben observar lesiones inexplicables, malestares físicos frecuentes y transformaciones súbitas en la conducta de niños, niñas y adolescentes. Estos elementos pueden alertar sobre una posible situación de violencia o abuso sexual, aunque no permiten establecer por sí solos la existencia de un delito.
El aislamiento, la caída del rendimiento escolar y las alteraciones del sueño figuran entre los comportamientos que pueden acompañar estas situaciones. Pérez, quien acumula más de 25 años de experiencia en investigaciones de esta clase, también pidió prestar atención a conductas regresivas como volver a orinarse en la cama o chuparse el dedo, además de un miedo intenso a permanecer a solas.
“También pueden presentarse pesadillas frecuentes”, dijo Pérez a El Observador. El funcionario agregó que los cambios bruscos en la alimentación, la irritabilidad, la tristeza constante o el llanto sin una razón aparente pueden sumarse a los indicadores que deben motivar una consulta o una denuncia.
Algunos expedientes llegan a conocimiento de las autoridades tras las atenciones médicas realizadas en hospitales del país. Los servicios de salud pueden detectar lesiones o recibir revelaciones de las víctimas durante las consultas, por lo que las señales deben ser tomadas con seriedad por las familias, el personal educativo y otros adultos cercanos.
Los servicios de emergencias de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) atendieron 1,485 casos de abuso sexual infantil durante 2025, un 11% más que las 1,337 atenciones registradas en 2024. Entre enero y el 2 de septiembre de 2026, la institución sumó otras 852 atenciones de personas menores de edad, de acuerdo con los datos entregados al Semanario Universidad.
Las cifras muestran que los centros médicos son una de las vías por las que posibles situaciones de abuso pueden ser identificadas y comunicadas a las autoridades. El registro de estas atenciones se conoció mientras el OIJ reforzó sus advertencias sobre los indicios físicos, emocionales y conductuales que pueden requerir intervención.
La recomendación de las instituciones incluye mantener espacios de diálogo con niños, niñas y adolescentes, prestar atención a sus cambios de comportamiento y acudir a los canales de orientación o denuncia cuando aparezcan señales de alarma. Pérez también pidió escuchar los relatos de posibles víctimas sin descalificarlos de inmediato.
Las investigaciones del OIJ detectaron casos en los que el primer acercamiento entre agresores y víctimas ocurrió a través de plataformas digitales y videojuegos en línea. En esos espacios puede producirse grooming, una práctica mediante la cual una persona adulta intenta ganarse la confianza de una persona menor de edad con fines sexuales.
El mecanismo puede incluir solicitudes de fotografías íntimas. Los agresores pueden utilizar luego ese material para extorsionar a las víctimas, exigir nuevos envíos o divulgar los archivos de forma ilícita, según explicó el investigador.








