Madrid, 15 de septiembre.- Por primera vez, la aureola tiene problemas de luz. Pedro Sánchez es un presidente del Gobierno que, a la fuerza, se ha acostumbrado a gestionar crisis -una pandemia, un volcán, un apagón, los efectos de las guerras…-, tratando de mostrar iniciativa, trasladando acción. Pero en la crisis de Ceuta hay una sensación generalizada en el PSOE, pero también en miembros del Gobierno, de que algo de la magia se ha roto. De que el aura de gestor o político «valiente» con «giros inesperados» se ha diluido.
El consenso entre más de una decena de personas con cargo consultadas es el siguiente: «se ha reaccionado tarde» y «fue un error» la desaparición e inacción del Gobierno los primeros días de la crisis y la decisión del presidente del Gobierno de permanecer tres semanas en La Mareta y no interrumpir sus vacaciones. A lo que se suma la resolución de desclasificar documentos de la Policía, Guardia Civil, inteligencia militar y CNI que fueron interpretados de manera generalizada en sentido contrario a lo previsto por La Moncloa.
«Demuestran que nadie en el Gobierno dio la relevancia que merecía el asunto», expone un alto cargo socialista con experiencia en relaciones diplomáticas. «Es La Moncloa la que ha decidido qué documentos se desclasifican», lanza otra persona curtida en los años de Gobierno de Sánchez. Sensaciones que recorren de manera transversal a los socialistas, desde cargos y dirigentes a altos cargos con responsabilidades.
«La gestión que se ha hecho no es la más adecuada», corrobora un miembro del Gobierno. Pasado mes y medio desde la entrada masiva de más de 70.000 personas, aún no se ha ofrecido una cifra oficial de inmigrantes que permanecen en Ceuta. El Ejecutivo espera tener listas esta semana 6.000 plazas para acogerlos y trabaja para llegar a las 10.000. Una persona que vivió de cerca el salto masivo de 2021 recuerda que entonces «los campamentos se montaron mucho antes».
La desaparición en la primera semana del Ejecutivo y la «tardanza» en tomar decisiones como la de crear el mando único -«No tiene explicación haber esperado un mes», dice otro integrante del Gobierno- han creado la sensación mayoritaria de que «hemos perdido la iniciativa». «Es la primera vez en tres años y medio que el PP nos gana el relato», sentencian distintas personas del partido y el Gobierno. «No veo fácil cambiar el paso, el relato. Es una crisis que jamás habíamos vivido», tercia un socialista con años de experiencia en las salas de mando. «Moncloa se ha obsesionado con el relato. No sabemos muy bien a qué juegan», opone un diputado. «Ha faltado más presencia y pedagogía», apunta un destacado miembro de la cúpula socialista. «Entiendo lo que la gente pueda decir o pensar».
En La Moncloa no comparten estas apreciaciones. Su análisis es que han sido objeto de una campaña de «manipulaciones y mentiras» por parte del PP y Vox y que eso ha sembrado la imagen de inacción y de falta de contundencia, algo que niegan. « No les importa nada Ceuta porque lo único que quieren es reventar a este Gobierno», sentencia una persona de confianza de Sánchez.
Los focos se dirigen a Sánchez, porque se considera que, como ha ocurrido en otras crisis o momentos críticos, es la persona encargada de tomar las decisiones, la velocidad y contundencia de las mismas. Es quien decide, tiene la última palabra por más que haya personas a su alrededor con distintas tareas asignadas.
«Yo tengo perfectamente clarísimo que el presidente estuvo trabajando el mes de agosto. No ha pasado de Ceuta, pero no ha dado esa imagen. Decir lo contrario es demagogia, pero vemos que ese relato está perdido. No sé si quizás subiendo una imagen cada día se habría arreglado algo», reflexiona un destacado socialista con cargo en Madrid. «No creo que más visiblidad pública de Sánchez hubiera mejorado algo», dice una persona que lo conoce bien tras años de trabajo a su lado.
«¡Puf! La gestión ha sido…», asegura alguien que ha trabajado muy cerca de Sánchez y sigue con responsabilidades. «Hay preocupación y no han ayudado en nada las contradicciones del propio Gobierno».
Igual que hay unanimidad con el «se ha reaccionado tarde», también la hay con el hecho de que una vez que comienza la entrada masiva, el Ejecutivo hizo lo que tenía que hacer: esto es, permitir el paso y no emprender acciones que hubieran podido ocasionar más muertos -hasta ahora la cifra oficial de inmigrantes fallecidos por ahogamiento es de 141-. «Hicimos lo que se espera de un gobierno progresista».








