Washington, 8 de septiembre.- El 11 de septiembre de 2001, mientras los aviones impactaban contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el Servicio Secreto de Estados Unidos enfrentó el escenario para el que llevaba décadas preparándose: un ataque simultáneo y coordinado con el poder ejecutivo como posible blanco, según reconstruyó ABC News.
Lo que siguió fue una serie de decisiones tomadas en segundos, sin manual de instrucciones previo, para mantener vivo al Gobierno.
El director del organismo, Brian Stafford, fue el primero en activar el Plan Federal de Continuidad de Operaciones, establecido bajo la Directiva de Decisión Presidencial 67, una medida que ni siquiera la Segunda Guerra Mundial había requerido ejecutar en su totalidad.
Desde el Centro de Crisis en Washington D.C., con protegidos en distintos puntos del territorio, evaluó la posibilidad de un “ataque de decapitación”: un golpe deliberado para eliminar a la cúpula del Gobierno.
En la Casa Blanca, los segundos contaban. El agente especial Jimmy Scott, integrante del equipo de protección del vicepresidente Dick Cheney, recibió la alerta de un avión secuestrado con rumbo a Washington.
Irrumpió en la oficina del vicepresidente, lo tomó por el hombro y el cinturón, y lo condujo físicamente hasta el Centro de Operaciones de Emergencia Presidencial, el búnker subterráneo del complejo. El propio Cheney lo describió así en su autobiografía de 2011.
En paralelo, el agente Nick Trotta redirigió a la primera dama, Laura Bush, que se dirigía al Capitolio, directamente hacia la sede del Servicio Secreto.
La segunda dama, Lynne Cheney, fue trasladada desde el American Enterprise Institute hasta el mismo edificio.
El presidente George W. Bush se encontraba en Florida cuando el jefe de Gabinete, Andy Card, le informó que Estados Unidos estaba bajo ataque.
El agente Edward “Eddie” Marinzel, responsable del detalle presidencial en esa visita, asumió el mando de la evacuación. Ante la insistencia de Bush de regresar de inmediato a Washington, Marinzel rechazó la opción, la capital era un objetivo vulnerable.








