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Los 38 minutos entre la primera señal y la catástrofe: qué falló en el sistema de alerta ante la inundación que devastó Nepal

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Redacción, 7 de septiembre.- Un colapso masivo de hielo y roca en el Himalaya desencadenó el pasado 26 de agosto una inundación que arrasó comunidades enteras a lo largo del río Bhote Koshi, en Nepal. El saldo fue devastador: al menos 1.370 personas fallecidas en Nepal y más de 5.000 todavía desaparecidas. Pero, más allá de la magnitud de la tragedia, el desastre dejó al descubierto una falla estructural en la forma en que el mundo monitorea y anticipa los riesgos en zonas de alta montaña.

Los sistemas de alerta temprana existentes no detectaron la amenaza a tiempo. No fue un error humano aislado: fue la consecuencia de arquitecturas de monitoreo diseñadas para otro tipo de peligros. Investigadores de la Universidad de Mánchester, la Universidad Presidency de Calcuta y la Universidad de Katmandú analizaron el evento y concluyeron que la región himalaya necesita con urgencia sistemas integrados, transfronterizos y capaces de leer amenazas complejas que los modelos actuales ignoran.

La secuencia del desastre pudo reconstruirse con precisión, según un artículo publicado en The Conversationpor con los análisis de Mehebub Sahana, Nimesh Dhungana, Priyank Pravin Patel y Reshma Shrestha, investigadores de las universidades de Mánchester, Presidency de Calcuta y Katmandú.

A las 8:37 de la mañana, los instrumentos registraron una señal que fue interpretada como un pequeño sismo cerca de la frontera de Nepal con China. Siete minutos después, cámaras de seguridad captaron la destrucción del puesto fronterizo de Gyirong Port por un flujo masivo de escombros y agua.

Las autoridades nepalesas tomaron conocimiento del incidente alrededor de las 9:00 y enviaron una alerta SMS de emergencia a las 9:15. Para entonces, el desastre ya había sucedido. Entre la detección de la señal sísmica y la alerta pública transcurrieron 38 minutos.

Los investigadores aclaran, sin embargo, que sería injusto responsabilizar a las autoridades: la señal inicial parecía un terremoto menor, no el colapso de una montaña, un fenómeno mucho más infrecuente. Además, los sensores de nivel de agua pasaron de registrar valores normales a quedar destruidos en cuestión de segundos, sin margen para procesar la información.

La pregunta que plantean es otra. ¿Qué hubiera sido posible con un sistema más integrado, capaz de cruzar en tiempo real lecturas sísmicas, imágenes satelitales y datos de campo para identificar el peligro y alertar a las poblaciones río abajo?

Esa pregunta no es retórica. El geofísico Manoochehr Shirzaei, de la Universidad de Virginia Tech, advirtió en declaraciones a la revista Nature que imágenes del satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea (ESA), tomadas entre el 8 de enero y el 18 de agosto de 2026, mostraban que la masa de glaciar y roca en la zona del colapso se desplazaba cuesta abajo a unos 10 milímetros por mes.

Esa velocidad no es inusual en sí misma: los glaciares se mueven de forma natural entre 10 y 200 metros por año. Lo preocupante, según Shirzaei, era la aceleración detectada en los días previos, una señal de inestabilidad que los sistemas existentes no supieron leer a tiempo.

El artículo de The Conversation señala que la mayoría de los sistemas de alerta temprana en la región himalaya se construyeron para responder a dos tipos de eventos: las inundaciones causadas por lluvias intensas y los denominados GLOFs (glacial lake outburst floods), es decir, inundaciones por el colapso repentino de un lago glaciar, que se forman cuando el agua de deshielo queda retenida por una barrera de hielo o roca.

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