Ottawa, 29 de junio de 2026.- Empresas, sindicatos y autoridades políticas de Canadá siguen con máxima atención el inicio del proceso formal de revisión del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), previsto para el 1 de julio, en un contexto marcado por la guerra comercial, los aranceles estadounidenses y la creciente incertidumbre en sectores estratégicos como el automotriz, el acero y la energía.
El primer ministro de Ontario, Doug Ford, realizará esta semana su tercer viaje en menos de un mes a Estados Unidos para reunirse con legisladores y actores clave del proceso, en un intento por influir en unas negociaciones que podrían redefinir el futuro del comercio norteamericano.
El acuerdo comercial T-MEC —también conocido como CUSMA en Canadá— entra ahora en una fase de revisión obligatoria tras 18 meses de tensiones comerciales provocadas por los aranceles impulsados durante la administración del presidente estadounidense Donald Trump. Estas medidas han impactado directamente en la competitividad de las exportaciones canadienses y han generado fricciones persistentes entre Ottawa y Washington.
La presidenta del sindicato Unifor, Lana Payne, advirtió que el sector industrial canadiense se enfrenta a un momento decisivo. “Sabíamos que llegaríamos a esta situación, que Estados Unidos podría aprovecharla para presionarnos”, señaló, instando a los trabajadores y empresas a mantener la calma ante el proceso de negociación.
Desde el sector empresarial, la preocupación se centra en la falta de certidumbre. Daniel Tisch, presidente de la Cámara de Comercio de Ontario, subrayó que el principal desafío es la estabilidad del marco comercial. “Esto no es un precipicio, es un punto de control”, afirmó, aunque reconoció la inquietud generalizada entre inversores y fabricantes.
El sector automotriz es uno de los más expuestos a la revisión del acuerdo. La industria ha registrado retrasos en inversiones y una caída en las exportaciones hacia Estados Unidos, según la Asociación Canadiense de Fabricantes y Exportadores. Su director ejecutivo, Dennis Darby, atribuyó esta tendencia al “efecto de la incertidumbre” generado por los aranceles.
A nivel político, el proceso también refleja diferencias estratégicas entre los países firmantes. Mientras Canadá y México buscan extender la vigencia del acuerdo por 16 años más, Estados Unidos ha mostrado interés en revisiones más frecuentes, incluso anuales, lo que añade presión a las negociaciones.
La presidenta de Unifor insistió en que el futuro del sector automotriz debe ser una prioridad. “La industria no puede ceder en estas negociaciones. Tenemos que defender los empleos y la producción”, afirmó Payne.
Por su parte, representantes de pequeñas y medianas empresas han alertado de que la guerra comercial ha obligado a muchas compañías a replantear sus cadenas de suministro y buscar nuevos mercados para sobrevivir a la volatilidad.
Aunque el 1 de julio marca un hito formal en el proceso de revisión, los negociadores han aclarado que no se trata de una fecha límite definitiva, sino de un punto de partida que podría extenderse durante años.
En este contexto, Ford ha intensificado su actividad diplomática en Estados Unidos, donde participa en reuniones con legisladores, empresarios y grupos de presión para defender los intereses canadienses.
Los actores económicos coinciden en un diagnóstico común: el mayor riesgo actual no es la ruptura del acuerdo, sino la prolongación de la incertidumbre comercial, que ya ha frenado inversiones y afectado la confianza empresarial en toda Norteamérica.








