Montreal, 10 Junio.- El SoLIT Café, un pequeño negocio del centro de Montreal, se ha convertido en el centro de un debate sobre la aplicación de las leyes lingüísticas en Quebec, después de que su propietaria denunciara años de inspecciones, requerimientos y cambios obligatorios que, según afirma, han supuesto costes económicos y una carga emocional constante.
Maryam Rahimi, fundadora del establecimiento hace casi cinco años, explica que su trabajo diario —atender clientes, gestionar el personal y supervisar la cocina— se ha visto cada vez más condicionado por las exigencias de la Oficina Quebequense de la Lengua Francesa (OQLF), el organismo encargado de velar por el cumplimiento de la Carta de la Lengua Francesa.
Según relata, las intervenciones comenzaron hace unos tres años y han incluido auditorías de elementos tan diversos como recibos, carteles y materiales promocionales. Entre los episodios que recuerda, figura la observación sobre la palabra “gracias” impresa en los recibos, que la oficina exigió sustituir por su equivalente en francés, “merci”.
Rahimi asegura que también ha tenido que modificar nombres de platos y descripciones del menú, como “nachos de pollo” o “flat white”, además de adaptar la señalización del local. En algunos casos, afirma, las discusiones han llegado incluso a cuestionamientos sobre el propio nombre del café, “SoLIT”, al interpretarse posibles juegos de palabras en inglés.
La empresaria sostiene que estos procesos no solo han implicado rediseños y gastos en impresión, sino también asesoría legal y una inversión continua de tiempo para responder a los requerimientos. “Siempre estamos bajo vigilancia”, afirma, al señalar que la situación se ha vuelto “mentalmente agotadora”.
Por su parte, la OQLF sostiene que su labor consiste en apoyar a las empresas para que cumplan la normativa lingüística y garantizar el derecho de los ciudadanos a recibir servicios en francés. En un comunicado, el organismo indicó haber recibido 22 quejas relacionadas con el café desde 2022, algunas de ellas consideradas no procedentes, y defendió que la mayoría de los casos se resuelven de forma colaborativa.
El debate se enmarca en el endurecimiento de la aplicación de las leyes del francés en Quebec, donde las autoridades buscan reforzar su uso en el ámbito comercial. Sin embargo, el caso del SoLIT Café ha reabierto la discusión sobre el equilibrio entre la protección del idioma y la carga administrativa que recae sobre los pequeños negocios.
Rahimi, que llegó a la provincia siendo niña, asegura que no contempla trasladar su negocio fuera de Quebec. “Quebec es mi hogar”, afirma, aunque reconoce que en algunos momentos ha pensado en abandonar ante la presión acumulada. Por ahora, espera el resultado de la última inspección mientras intenta mantener a flote su cafetería.








