Caracas / Washington, 7 enero.- A cuatro días de la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores de territorio venezolano por fuerzas estadounidenses, comienzan a aflorar detalles que apuntan a un acuerdo interno dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y a una desactivación deliberada del sistema de defensa aérea, más que a un fallo técnico o militar.
Fuentes castrenses confirmaron que la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) detuvo la noche del sábado 3 de enero a once oficiales de la Aviación Militar, entre ellos tres generales, acusados de haber saboteado el Sistema Antiaéreo Nacional en las horas previas a la operación estadounidense.
Las acciones de sabotaje se habrían ejecutado tanto desde las salas situacionales como directamente en campo, afectando los sistemas electrónicos y manuales, los cuales quedaron completamente anulados, permitiendo el ingreso de aeronaves extranjeras sin resistencia.
Hasta el momento, ninguna autoridad militar ha ofrecido explicaciones oficiales sobre el destino de los detenidos ni sobre el alcance real del sabotaje. Solo han circulado videos no verificados que muestran restos de instalaciones militares bombardeadas y cuerpos de efectivos fallecidos.
Según estimaciones preliminares, al menos 55 militares venezolanos habrían muerto, de los cuales 24 fallecieron directamente durante el ataque aéreo estadounidense, un saldo que contradice la versión de una “operación limpia” sin resistencia.
“La defensa no falló; fue desactivada por acuerdo”
El coronel retirado del Ejército de Estados Unidos Douglas Macgregor, veterano de la Guerra del Golfo y estratega en la intervención de la OTAN en Yugoslavia en 1999, sostiene que lo ocurrido en Venezuela no fue una derrota militar sino el resultado de una decisión política y castrense premeditada.
“La defensa aérea venezolana no colapsó: fue neutralizada desde dentro. Esto no sucede sin una orden o un pacto”, afirmó Macgregor, quien considera que la operación demuestra la determinación de Washington de emplear todos los medios disponibles, incluida la fuerza militar, para preservar su influencia estratégica en el hemisferio.
El analista se pregunta ahora cuál será el siguiente paso de Estados Unidos:
“¿Cómo consolidará Washington esta victoria sobre Maduro y su régimen? El plan parece confuso o inexistente”, advirtió.
Según sus previsiones, Maduro será juzgado en un tribunal federal estadounidense por cargos relacionados con narcotráfico y crimen organizado, mientras que el presidente Donald Trump ha dejado claro que Estados Unidos tomará el control del proceso de transición.
Macgregor cuestiona si Washington podrá evitar una guerra civil, una fragmentación territorial o el surgimiento de violencia ligada al narcotráfico, en un país donde el poder real “no reside en quienes son aprobados por Washington, sino en quienes controlan las armas”.
La FANB no es leal a Maduro, sino al sistema
El coronel retirado subraya que la lealtad militar no está centrada en la figura de Maduro, sino en el sistema chavista que durante más de tres décadas garantizó privilegios, poder y recursos a los altos mandos.
“Cuando arrinconas a una bestia, muerde. Y muerde fuerte. Estamos frente a una fuerza armada que ha visto caer a buena parte de su destacamento de seguridad y que no tiene salida”, advirtió.
Macgregor insistió en que controlar Venezuela requeriría una fuerza de ocupación, no operaciones quirúrgicas. “Un país con ese terreno no se gobierna con cientos de operadores especiales. Necesitas botas en el terreno”, sentenció.
El papel de Cuba y el silencio del Alto Mando
La captura de Maduro también dejó al descubierto la profunda injerencia del régimen cubano en la estructura de seguridad venezolana. La inteligencia cubana, que protegía de forma directa al mandatario, quedó expuesta como parte central del entramado de poder que permitió tanto su protección como su eventual entrega.
El Alto Mando Militar venezolano se pronunció casi 30 horas después de la operación estadounidense. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, declaró que la soberanía había sido violada y aseguró que la FANB seguiría empleando “todas sus capacidades” para la defensa, un mensaje interpretado por analistas como una advertencia velada, más que como una amenaza real.
“Una operación así solo ocurre cuando el objetivo se deja encontrar”
El economista peruano Manuel Romero Caro, fundador del diario Gestión, calificó la Operación Resolución Absoluta como “inverosímil” desde el punto de vista militar.
Venezuela cuenta con radares chinos, sistemas rusos S-300 capaces de detectar aeronaves a larga distancia y más de 5.000 misiles Igla, diseñados para derribar helicópteros a baja altura. Aun así, once helicópteros ingresaron en Caracas, capturaron al mandatario más protegido del país y despegaron sin que se disparara un solo misil.
“La defensa no falló; fue desactivada por acuerdo”, sostuvo Romero Caro, quien considera imposible una operación de tal precisión sin colaboración interna.
El analista destaca que la forma de la captura es clave para la narrativa política posterior. Una rendición habría sido humillante; una captura permite a Maduro presentarse como mártir, conservar lealtades y evitar la imagen de traidor.
Para la Administración Trump, la operación representa una victoria política de alto impacto, un “trofeo cinematográfico” sin los costes de una invasión prolongada.
Romero Caro concluye que una operación “tan limpia” solo es posible cuando el círculo íntimo del poder entrega las coordenadas. “La calma posterior del Alto Mando indica que no fue una sorpresa, sino el cumplimiento de una fase de un pacto previamente acordado”.
¿Milagro militar o traición calculada?
A medida que surgen más datos, los analistas coinciden en una conclusión inquietante: la caída de Maduro no parece explicarse por superioridad tecnológica estadounidense, sino por una combinación letal de inteligencia humana, traición interna y velocidad operativa.
La gran incógnita ahora no es cómo cayó el régimen, sino qué vendrá después, y si Estados Unidos será capaz de gestionar el vacío de poder sin desencadenar un conflicto mayor en uno de los países más estratégicos de América Latina.








