
LA HABANA, 15 julio. Una nueva controversia sacude al régimen cubano tras las polémicas declaraciones de la ministra de Trabajo y Seguridad Social, Marta Elena Feitó Cabrera, quien negó en la Asamblea Nacional la existencia de mendigos en Cuba y calificó a limpiavidrios y recolectores de basura como personas “disfrazadas” y evasores fiscales. Las palabras de la funcionaria generaron una ola de críticas dentro y fuera de la isla, obligando incluso al dictador Miguel Díaz-Canel a matizar su postura ante el Parlamento.
“En Cuba no hay mendigos”, aseguró Feitó, argumentando que quienes piden limosna o limpian parabrisas “buscan un modo de vida fácil” y “terminan usando ese dinero para tomar (alcohol)”. Además, atacó a quienes registran los contenedores: “Recuperan materia prima y son ilegales del trabajo por cuenta propia”.
Las declaraciones fueron consideradas crueles y desconectadas de la realidad por figuras de la sociedad civil, exdiplomáticos y economistas. El exembajador Carlos Alzugaray pidió directamente su renuncia, mientras que el economista Julio Carranza la acusó de ser “muy irrespetuosa” con una población que atraviesa profundas penurias.
Díaz-Canel intenta contener la crisis, pero evita confrontar a Feitó
Ante el escándalo, Díaz-Canel reaccionó en la red social X (antes Twitter), donde condenó la “falta de sensibilidad” en el discurso sobre la vulnerabilidad, aunque evitó mencionar a su ministra por nombre. Durante una sesión parlamentaria, dedicó 20 minutos a matizar las declaraciones, asegurando que las personas en situación de calle son consecuencia de “las desigualdades sociales y los problemas que enfrenta Cuba”.
“Ninguno de nosotros puede actuar con soberbia, actuar con prepotencia, desconectado de las realidades que vivimos”, expresó el dictador cubano, sin anunciar medidas disciplinarias.
La realidad contradice el relato oficial
Diversos informes, tanto independientes como oficiales, desmienten la versión de Feitó. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos estima que el 89% de los hogares viven en pobreza extrema, mientras que el propio Ministerio reconoció en febrero que 1.236 comunidades padecen condiciones de indigencia.
En las calles de La Habana, Santiago y otras ciudades, ancianos, mujeres y familias enteras piden limosna o buscan comida en contenedores. Testimonios recogidos por medios como elTOQUE reflejan el colapso del modelo asistencialista cubano. “Mi mamá tiene 78 años, una pensión de 1.500 pesos (menos de 10 dólares) y no le alcanza para comer”, denunció una ciudadana.
Las pensiones rondan los 2.000 pesos (unos 5 dólares), monto insuficiente incluso para adquirir un cartón de huevos. Los subsidios estatales se han deteriorado, y la red de salud y educación, otrora símbolo del régimen, ya no garantiza cobertura digna. Para muchos, las remesas son la única fuente de supervivencia.
Rechazo dentro y fuera de la isla
En Miami y otros puntos del exilio, las declaraciones fueron calificadas como “ofensivas y crueles” por medios como Cuba en Miami. Temen que este discurso, además de estigmatizar a los pobres, pueda usarse como pretexto para justificar represión o exclusión social.
El silencio de la ministra tras las críticas solo avivó las especulaciones sobre una posible destitución, aunque no hay señales oficiales de que Díaz-Canel esté dispuesto a removerla.
Estrategia oficial: negar la crisis, reprimir la protesta
Analistas coinciden en que el régimen ha optado por minimizar la crisis desde lo discursivo mientras mantiene una narrativa revolucionaria para cohesionar a su base. Sin embargo, las calles muestran otra cara. Las protestas esporádicas por hambre, apagones y falta de medicamentos se han vuelto cada vez más frecuentes.
En julio de 2021, miles salieron a las calles exigiendo libertad, y fueron reprimidos con dureza. Hoy, esa tensión sigue latente, alimentada por el deterioro acelerado del tejido social.
La controversia desatada por Feitó no solo ha evidenciado el distanciamiento del poder respecto al pueblo, sino también el temor del régimen a reconocer el colapso estructural que vive Cuba. Como expresó el dramaturgo Iran Capote, “muchos de los que hoy buscan comida en la basura, fueron los que creyeron en el proceso”.
La indignación crece, y con ella la evidencia de que la propaganda oficial ya no alcanza para ocultar la miseria.







