Kyiv, 1 de septiembre.- Los ataques rusos contra depósitos y centros logísticos de las principales cadenas de supermercados de Ucrania destruyeron una parte importante de las instalaciones destinadas al almacenamiento de alimentos y provocaron faltantes de algunos productos en Kiev, Kharkiv y otras zonas del país, mientras algunos consumidores comenzaron a acumular reservas ante la posibilidad de nuevas interrupciones del suministro.
Desde el sábado, los ataques dañaron almacenes de ATB, la mayor cadena minorista de Ucrania, en Kiev y Odesa, una planta de PepsiCo en la ciudad sureña de Mykolaiv y depósitos de la cadena de hipermercados Auchan ubicados cerca de la capital.
Las empresas afectadas también incluyen a los grandes minoristas Novus y Fozzy, que reorganizan su logística desde la intensificación de los ataques a principios de agosto. Las autoridades ucranianas sostienen que, pese a los daños, no existe una amenaza de escasez alimentaria generalizada.
El ministro de Agricultura, Taras Visotski, afirmó que aproximadamente el 90% de la logística alimentaria gestionada por las cadenas minoristas ya fue destruida. El funcionario advirtió además que los daños pueden aumentar debido a la continuidad de los ataques con drones rusos propulsados por reactores, que presentan una mayor velocidad y complican la respuesta de las defensas aéreas.
La situación presenta diferencias según la región. En Leópolis, en el oeste de Ucrania, los principales supermercados mantienen sus estantes abastecidos debido a que hasta ahora la zona no sufrió ataques importantes contra sus instalaciones comerciales.
En cambio, en Kiev y en las áreas más próximas al frente, donde millones de personas permanecen pese a los ataques diarios, los efectos sobre la disponibilidad de algunos productos resultan más visibles.
“Veo que faltan algunos productos”, declaró a EFE desde Kiev Olena Semeniak, una trabajadora del sector publicitario de 32 años.
“Por ejemplo, un día las estanterías de refrescos están casi vacías y, una semana después, vuelven a estar llenas. Sin embargo, no hay harina, sal ni azúcar, o hay muy poca”, explicó. Según Semeniak, el suministro cambia de un comercio a otro y también de un día para otro.
En Kharkiv, ubicada a unos 25 kilómetros de la frontera con Rusia, algunos productos desaparecieron de los estantes hace semanas, según relató la fotógrafa Raya Peretiatko.
“A veces las estanterías de agua y otras bebidas están medio vacías, otras veces las de salsas como el kétchup”, señaló Peretiatko a EFE.








