Halifax, 6 de julio de 2026.- El gobierno canadiense ha seleccionado a la empresa alemana ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS) como adjudicataria del contrato para la construcción de una nueva flota de 12 submarinos, en lo que se perfila como una de las mayores inversiones militares en la historia del país.
La decisión será anunciada oficialmente por el primer ministro Mark Carney en Halifax antes de su viaje a una cumbre de la OTAN en Turquía, según fuentes del sector citadas por medios canadienses como CTV News y The Globe and Mail.
Un contrato estratégico de largo alcance
El proyecto contempla no solo la construcción de los submarinos, sino también su mantenimiento durante un periodo de entre 30 y 50 años. El valor total del programa podría superar los 100.000 millones de dólares canadienses a lo largo de toda su duración, aunque el coste inicial de adquisición se estima en más de 12.000 millones de dólares estadounidenses.
La nueva flota reemplazará a los actuales submarinos clase Victoria, adquiridos a finales de los años 90 y que han sufrido múltiples problemas operativos desde su incorporación a la Armada canadiense.
Una decisión con impacto en la OTAN
TKMS, también conocida como ThyssenKrupp Marine Systems, es uno de los mayores fabricantes mundiales de submarinos no nucleares y suministra tecnología a varios países de la OTAN. La empresa alemana compitió en colaboración con Noruega, destacando su interoperabilidad con sistemas de defensa de la Alianza Atlántica.
El contrato se considera estratégico no solo para la modernización militar de Canadá, sino también para el cumplimiento de los compromisos de gasto en defensa dentro de la OTAN, que recientemente ha elevado su objetivo al 5 % del PIB.
Negociaciones aún abiertas
Aunque la designación de TKMS como “postor preferente” marca un avance decisivo, las autoridades canadienses han señalado que las negociaciones continuarán antes de la firma definitiva del contrato, lo que deja margen a ajustes en costes, plazos y condiciones industriales.
El acuerdo, de confirmarse en los términos previstos, situaría a Canadá en una nueva etapa de modernización naval con implicaciones directas en su papel dentro de la arquitectura de seguridad occidental.







