México, 27 de octubre.- Cada 31 de octubre, millones de personas en distintos rincones del planeta se disfrazan, tallan calabazas y recorren las calles al grito de “trick or treat”. Detrás de la estética de fantasmas, brujas y esqueletos se esconde una tradición con más de 2.000 años de antigüedad, nacida en los campos de la antigua Irlanda y moldeada por siglos de fusiones religiosas, migraciones masivas y reinvenciones culturales.
La festividad, que no es feriado oficial en ningún país de habla inglesa, se convirtió sin embargo en la segunda fecha comercial más importante de Estados Unidos después de Navidad. Solo en golosinas, los estadounidenses gastan alrededor de 3.000 millones de dólares al año, una cifra que refleja la dimensión de un fenómeno que trascendió hace décadas las fronteras anglosajonas, según Encyclopaedia Britannica. Desde los desfiles multitudinarios de Tokio hasta los altares de cempasúchil en México, la víspera de Todos los Santos adopta formas tan diversas como las culturas que la celebran.
Sin embargo, la versión contemporánea de Halloween poco se parece a su germen original. Lo que hoy se asocia con fiestas de disfraces y bolsas repletas de caramelos comenzó como un rito solemne en el que los celtas encendían hogueras, se cubrían el rostro con máscaras y ofrecían sacrificios para apaciguar a los espíritus que, según sus creencias, vagaban libremente entre los vivos durante la transición del otoño al invierno.
Las raíces más remotas de Halloween conducen al festival celta de Samhain, que marcaba el fin de la cosecha, el inicio del invierno y el comienzo del año nuevo en los territorios que hoy corresponden a Irlanda, Escocia, Gales y el norte de Francia. Samhain se celebraba la noche del 31 de octubre y el 1 de noviembre, y los celtas creían que durante esas horas el límite entre el mundo de los vivos y el de los muertos se difuminaba, lo que permitía a los espíritus caminar entre las personas, según Encyclopaedia Britannica.
Para protegerse de las apariciones, los pobladores encendían enormes hogueras en las colinas, se cubrían el rostro con máscaras y se vestían con pieles de animales, una práctica conocida como guising. Los sacerdotes celtas distribuían brasas de la hoguera principal a los hogares para que cada familia pudiera reavivar su fuego doméstico, según el Observatorio de la Tierra de la NASA.
En el siglo VII, el papa Bonifacio IV instituyó el Día de Todos los Santos en mayo. Durante el siglo VIII, el papa Gregorio III trasladó la festividad al 1 de noviembre, probablemente con la intención de superponer una celebración cristiana al festival pagano. La noche previa pasó a llamarse All Hallows’ Eve —la víspera de Todos los Santos—, expresión de la que derivó la palabra Halloween. Posteriormente, el 2 de noviembre fue designado como el Día de los Fieles Difuntos, y los tres días —del 31 de octubre al 2 de noviembre— conformaron el período litúrgico conocido como Allhallowtide.
Durante la Edad Media, las celebraciones seculares y religiosas terminaron por fusionarse. La Reforma protestante suprimió el Día de Todos los Santos en los territorios reformados, pero muchas costumbres populares sobrevivieron gracias a festividades como el Día de Guy Fawkes en Inglaterra, celebrado el 5 de noviembre con hogueras y travesuras puerta a puerta. Los inmigrantes irlandeses que llegaron a Estados Unidos a partir de 1845, durante la Gran Hambruna, llevaron consigo esas tradiciones y sentaron las bases de la celebración moderna, según DW.
Una de las costumbres más reconocibles —el tallado de calabazas— también viajó desde Irlanda. En el siglo XIX, los irlandeses esculpían rostros aterradores en nabos, papas y remolachas para ahuyentar espíritus. Al llegar a América del Norte, descubrieron que las calabazas, nativas del continente, resultaban más grandes y fáciles de vaciar, y así nació la tradición de los jack-o’-lanterns tal como se conoce hoy.
La frase “trick or treat” —traducida habitualmente como “dulce o travesura”— es una amenaza juguetona: si el anfitrión no entrega golosinas, el visitante promete una broma. Sus antecedentes se remontan a la práctica medieval del souling, extendida en Inglaterra durante el Día de Todos los Santos, cuando los pobres recorrían las casas y ofrecían rezar por las almas de los difuntos a cambio de los llamados soul cakes, pequeños panes especiados con pasas. Con el tiempo, los participantes disfrazados comenzaron a ofrecer canciones, versos o actos breves a cambio de comida o dinero, según Britannica.
La primera aparición registrada de la expresión data de 1927, en un artículo del Calgary Daily Herald, en la provincia canadiense de Alberta, según la investigación del etimólogo Barry Popik citada por el diccionario The History of ‘Trick or Treat’ de Merriam-Webster. El primer uso documentado en Estados Unidos apareció al año siguiente, en 1928, en el Bay City Times de Míchigan.








