Brasilia, 25 de octubre.- A dos días de cumplir 81 años, Luiz Inácio Lula da Silva ha logrado lo que parecía imposible, lo que nadie había hecho en cuatro décadas de democracia brasileña: ganar la segunda vuelta tras ser derrotado en la primera y convertirse por cuarta vez en el presidente de Brasil.
El veterano líder del Partido de los Trabajadores (PT) sumó un 51,76% de los votos contra el 48,24% del derechista Flávio Bolsonaro, que se sentía ya con un pie y medio en el Palacio del Planalto, pero sufrió una histórica derrota.
Lula gobernará así de los 81 a los 85 años y frena la ola de derecha que estaba tomando América Latina, donde México y Uruguay se mantienen como los otros dos países gobernados por la izquierda.
Tras una campaña estratégicamente muy errada en la primera vuelta, en la que miró más al pasado que al futuro, Lula perdió la primera vuelta del 4 de octubre por 47 a 45 por ciento. Para la segunda vuelta cambió el guión: abandonó la glorificación de su figura, la omnipresencia de su esposa, Janja, y sacó adelante un intenso trabajo en redes sociales y un fuerte trabajo de movilización de votantes.
No será un gobierno sencillo para el veterano líder de izquierdas, con el Congreso y la mayoría de los gobernadores en manos de la derecha.
«Ganó el antibolsonarismo, el miedo ante el regreso de los Bolsonaro al Palacio del Planalto», analizó Andrea Sadi en Globo News tras confirmar a las 21:09 la reelección del líder izquierdista.
«Lula deberá gobernar con mucha más amplitud ideológica que hasta ahora», añadió otro experimentado analista, Merval Pereira.
Con la derrota de Flávio, de 45 años, sale especialmente perjudicado su padre, el ex presidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de prisión por haber liderado un fallido golpe de Estado. Su plan de amnistiar a su padre y subir junto a él el 5 de enero de 2027 las escaleras del Palacio del Planalto queda en la nada.
Es una mala noticia también para el presidente estadounidense, Donald Trump, enfrentado a Lula, y para el argentino Javier MIlei, que cubrió de insultos en las últimas semanas a su homólogo brasileño y confiaba en un eje Buenos Aires-Brasilia con los Bolsonaro.
Es, en cambio, una buena noticia para varios líderes europeos, entre ellos el presidente del gobierno Pedro Sánchez, que tiene sus propias elecciones este 29 de noviembre.








