Washington, 25 de octubre.- María Corina Machado salió de Venezuela el 9 de diciembre de 2025, en secreto y por vía marítima hacia Curazao, y llegó en avión a Noruega para recibir el Nobel de la Paz. Se perdió la ceremonia y perdió también ese día la oportunidad de volver a casa. Primero fue el régimen de Nicolás Maduro el que cerró la puerta. Después, de otra manera pero con el mismo resultado, el Gobierno de Donald Trump. Hasta ahora, pero con condiciones. «Es una mujer muy amable. Me entregó su Premio Nobel, así que ¿qué más puedo decir? Espero que esté a salvo, es una mujer muy amable. Pero nos va muy bien en Venezuela», resumió este mediodía, hora local, el presidente estadounidense desde los jardines de la Casa Blanca.
Este domingo, 320 días después, la líder de la oposición ha vuelto a casa. Con el permiso o la permisividad, más que el entusiasmo, de Washington. La Administración ha estado y sigue profundamente dividida en este caso. Hay una parte, pragmática y sin ningún tipo de lazo con Latinoamérica, que cree que ella es un problema y que a Estados Unidos le va muy bien con las cosas como están. Sin experimentos de transición democrática y centrados en relaciones comerciales y energéticas. El régimen post-Maduro obedece en todo, no replica y no pone problemas.
Pero hay otra parte de la Administración, la más ideológica, y también la que tiene vínculos sentimentales o personales, que cree que es posible lograr el mismo resultado que ahora, o uno mejor, con Machado o la oposición en el poder. Una vez que ha quedado claro el marco que prefiere Trump, consideran que no es tan importante quién esté formalmente al frente del país, mientras siga la línea de puntos.
En ese equilibrio se enmarca la reacción de Marco Rubio al regreso de Machado. «Las condiciones que permiten el regreso seguro de la Sra. Machado a Venezuela son el resultado directo de las conversaciones de reconciliación apoyadas por EEUU, que ya han logrado la liberación de cientos de presos políticos y el retorno del exilio de cientos de figuras de la oposición política», escribió el secretario de Estado en X.
«Las condiciones que permiten el regreso seguro de la Sra. Machado a Venezuela son el resultado directo de las conversaciones de reconciliación apoyadas por EEUU, que ya han logrado la liberación de cientos de presos políticos y el retorno del exilio de cientos de figuras de la oposición política», ha reaccionado el secretario de Estado, Marco Rubio, en una publicación de X, elogiando el esfuerzo diplomático de Washington.
Que además Trump y los republicanos estén sufriendo una sangría de votos hispanos, cuando quedan menos de dos semanas para las elecciones legislativas, es motivo añadido. El regreso de María Corina probablemente sea algo a lo que agarrarse para todos los decepcionados por las operaciones migratorias contra los latinos y por la permisividad con los herederos de Maduro. Especialmente en Florida, Texas y algunos estados más.
«VIVA VENEZUELA LIBRE! Mi amiga María Corina Machado siempre contará con todo nuestro apoyo. Todos tenemos que acompañarla, velar por ella y defenderla ante cualquier atentado del régimen. Esto es hasta el final (…) Quiero dejar esto bien claro: desde el Congreso de los Estados Unidos, responsabilizo directamente a Delcy y Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello, Padrino López y González López de cualquier daño que pueda sufrir. Si estos delincuentes corruptos continúan con las amenazas, terminarán pulverizados como los secuaces del régimen de Castro que protegían a Maduro. ¿Queda claro?», ha escrito en las redes sociales el congresista republicano de Florida Carlos Giménez, uno de los principales aliados del exilio venezolano y que se juega la reelección el 3 de noviembre.
Durante los últimos meses, la Administración de Donald Trump ha contribuido a mantener a María Corina Machado lejos del centro de las decisiones sobre el futuro de Venezuela, mientras estrechaba poco a poco su relación con Delcy Rodríguez, la presidenta encargada del país. No hay semana en la que Trump no felicite, elogie y ensalce a Rodríguez y la relación que han construido. Su lenguaje es colonial, o casi. Lo dejó muy claro anoche mismo en un mitin de campaña en Perry (Georgia), poniéndolo al nivel de Groenlandia y dando por controlado no sólo el país, sino también sus hidrocarburos.
Machado intentó volver hace unas semanas hasta en siete ocasiones y de mil formas, pero todos los caminos se iban cerrando. Ella y su equipo, que tratan en todo momento de no enfadar a Marco Rubio y Trump, no lo dicen en voz alta y apuntan a otras autoridades, como, por ejemplo, las holandesas. Pero diarios como The Wall Street Journal han revelado que Estados Unidos comunicó a las autoridades neerlandesas que no respaldaba esos intentos, lo que, según el diario, habría contribuido a que se retirara el permiso para que su avión aterrizara en Curazao. Marco Rubio, sin embargo, negó que Washington hubiera pedido impedir su entrada y rechazó públicamente las acusaciones.
La situación para el Ejecutivo estadounidense es muy complicada. Es una cuestión de política, dinero y poder, no de amistad o cuestiones morales. Tratan de cuadrar el círculo. Escuchar las peticiones de Machado y el exilio venezolano, y de los millones de personas que piden, exigen, elecciones libres, mientras profundizan la relación con Caracas. Cientos de inversores, abogados y oportunistas viajan cada día entre Washington, Miami y Caracas para aprovechar lo que ven como un momento único para enriquecerse.








