Redacción, 20 de septiembre.- La presencia de cocodrilos en ríos panameños no responde a una sola causa ni puede explicarse únicamente por los avistamientos recientes.
La investigadora Miriam Venegas Anaya sostiene que las poblaciones fueron reducidas durante décadas por la cacería y que las medidas de protección modificaron ese escenario.
La especialista del Centro de Investigaciones Hidráulicas y Técnicas de la Universidad Tecnológica de Panamá indicó que la transformación de los hábitats y la oferta de alimento también contribuyen a que los reptiles se agrupen en sectores determinados.
La concentración de cocodrilos en áreas puntuales de Panamá está relacionada con la recuperación de sus poblaciones, la disponibilidad de comida y las condiciones creadas por la actividad humana.
La prevención requiere evitar que reciban alimento de manera directa o indirecta, controlar los residuos y reconocer las conductas que incrementan el riesgo de encuentros con estos animales.
Venegas Anaya, conocida como la “doctora cocodrilo”, pidió a la población que no alimente a los ejemplares y que tampoco arroje al agua restos de pescado ni otros desperdicios orgánicos.
“Lo primero que hay que hacer es no alimentar a los cocodrilos. No limpiar los peces ni tirar los desechos al río”, explicó la investigadora.
La experta recomendó habilitar espacios apropiados para depositar los residuos y evitar la limpieza de peces cerca de los puertos.
Esas prácticas pueden convertir determinados puntos de los ríos en sitios donde los animales encuentran comida con facilidad.
La acumulación de materia orgánica también puede deteriorar las condiciones del agua y perjudicar a otras especies acuáticas.








