Redacción, 5 de noviembre.- Un saco de carbón vegetal cuesta entre 2,000 y 5,000 pesos cubanos en la isla, un valor equivalente a entre USD 2.19 y USD 5.46 en el mercado informal. Para muchas familias, ese gasto se suma a la compra de alimentos básicos y se vuelve necesario ante los apagones y las dificultades para conseguir gas licuado.
La denuncia fue difundida a través de redes sociales por el Food Monitor Program (FMP), que advirtió que el carbón se consolidó como una alternativa para cocinar, aunque su precio limita el acceso de los hogares con menores ingresos.
El precio puede cambiar según la provincia, la calidad del producto y el lugar de venta. El FMP indicó que un saco de 5,000 pesos puede equivaler hasta al 155% del salario mínimo del país. En términos prácticos, una persona que cobra el salario mínimo necesitaría más de un mes de ese ingreso para comprar uno de los sacos más caros.
El valor de una bolsa pequeña de nailon con carbón ronda los 600 pesos cubanos, unos USD 0.66. Aunque su precio es menor que el de un saco, su duración resulta limitada y obliga a realizar compras frecuentes para cubrir apenas algunas cocciones.
A su vez, el carbón no reemplaza la compra de comida, sino que añade un costo para preparar los alimentos. Arroz, frijoles, aceite y huevos forman parte de una canasta cuyos precios aumentaron por la inflación y la escasez, según el planteo de la organización.
La situación afecta en especial a las familias que no disponen de gas licuado ni cuentan con un suministro eléctrico estable. Cuando hay apagones, el carbón y la leña quedan como una de las pocas opciones para cocinar.
La Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria 2025 del FMP señaló que el 35% de los participantes utilizó leña o carbón debido a la falta de electricidad y gas. El estudio, cuyos resultados se difundieron en mayo de 2026, también indicó que el 80.4% enfrentó dificultades para elaborar sus comidas por los cortes de luz.
El problema no se limita al precio final. El FMP afirmó que una parte de los terrenos donde crecen especies usadas para producir carbón, como el marabú y la aroma, permanece bajo control estatal.
Esa situación reduce las posibilidades de los pequeños productores que buscan fabricar y vender carbón por cuenta propia. Quienes no acceden a esas tierras deben pagar a propietarios o intermediarios para usar parcelas con árboles aptos para la producción.
“El Estado reserva esas tierras para quienes le convienen”, afirmó un carbonero entrevistado por el Food Monitor Program.








