Redacción, 30 de septiembre.- Los futbolistas de Universitario de Deportes asimilaron con optimismo la salida de Héctor Cúper del banquillo crema. Lejos de generar malestar en el vestuario, la destitución del entrenador argentino fue recibida como una noticia esperada por el grupo, que desde hace semanas arrastraba un vínculo deteriorado con el comando técnico.
Así lo reveló el periodista Gustavo Peralta Coello en el programa Hablemos de MAX, donde también participó la comentarista Romina Vega. El técnico dirigió su último entrenamiento en Campo Mar antes de que la institución confirmara oficialmente su alejamiento del cargo, en un contexto marcado por la dura derrota ante Deportivo Garcilaso y el cuestionado rendimiento del equipo en las últimas jornadas del Torneo Clausura.
El desgaste entre Cúper y los jugadores no fue un episodio repentino. Según lo expuesto por Peralta Coello, la ruptura se fue gestando de manera progresiva, alimentada por decisiones del cuerpo técnico, episodios puntuales dentro del club y una distancia que se volvió cada vez más difícil de disimular. El vínculo, que en algún momento pudo haber tenido bases sólidas, terminó por quebrarse antes de que la dirigencia tomara cartas en el asunto.
“Va a sonar fuerte lo que voy a decir, pero al plantel le ha caído bien que se vaya Cúper. Esto no quiere decir de que se alegran que alguien se quede sin trabajo, no va por ahí. Básicamente, no había una conexión, no sentían dentro de la ‘U’ que con él podían llegar a hacer alguna cosa más de cara a esta recta final, pero ahora la responsabilidad es de ellos”, afirmó el periodista en el citado espacio televisivo.
Romina Vega, también presente en el programa, complementó esa lectura con una precisión sobre el origen del quiebre: “Ya se había roto esa relación, ya por desgaste, por algún episodio o por decisiones, el comando técnico ya estaba rota”, sostuvo la comentarista, quien coincidió en que la desvinculación era una consecuencia lógica de lo que se vivía puertas adentro.
Lo que ambos analistas dejaron en claro es que la reacción positiva del plantel no debe interpretarse como una celebración por la situación laboral de una persona. La distinción es relevante: los jugadores no festejaron la salida del técnico, sino que encontraron en ella una oportunidad para recomponer el rumbo en la parte más exigente del campeonato.
La coyuntura no admite demoras. Universitario marcha en una posición comprometida dentro del Clausura y el tiempo para corregir el rumbo se acorta con cada fecha que pasa. En ese escenario, la decisión de la administración crema apuntó a sacudir al grupo y devolverle la energía necesaria para afrontar los compromisos que restan.
El propio Peralta Coello subrayó que, con el cambio consumado, la carga recae ahora sobre los hombros de los futbolistas. La salida de Cúper elimina cualquier excusa externa y coloca al plantel ante su propia responsabilidad: rendir en la cancha y demostrar que el problema no era estructural, sino coyuntural.
Ese mensaje, que en el fútbol suele acompañar los cambios de entrenador, adquiere en este caso un peso particular. Si los jugadores recibieron la noticia con alivio y la describieron como algo necesario, la vara para medir su respuesta deportiva queda inevitablemente más alta. El nuevo ciclo técnico arranca con expectativas renovadas, pero también con una exigencia mayor hacia el grupo.
Mientras el vestuario procesaba la partida del técnico saliente, su reemplazante ya pisaba suelo peruano. Fabián Bustos aterrizó en Lima en las horas de la tarde de este miércoles y se trasladó desde el Aeropuerto Jorge Chávez en una camioneta color plomo hacia una reunión con la dirigencia del club, donde se concretaría la firma de su contrato.








