Madrid, 27 de septiembre.- El primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, instó a políticos, activistas y líderes comunitarios de Irlanda del Norte a mantener la «calma» ante la crisis abierta por la reinstauración de una controvertida marcha lealista protestante por un enclave residencial católico que ha estado prohibida durante los casi 30 años de vigencia del proceso de paz. «Reconozco que la situación es tensa y hacemos un llamamiento a la calma a todas las partes. Se han producido grandes avances en Irlanda del Norte y no queremos que las cosas vayan hacia atrás», declaró el dirigente laborista a la BBC en Liverpool, donde preside este domingo el congreso del partido.
El ministro de la región autonómica, Chris Bryant, interrumpió su planificada presencia en la conferencia anual de la formación de centroizquierda y voló de inmediato a Belfast para intentar mediar en una crisis que amenaza una vez más con hundir las instituciones gubernamentales. El enfrentamiento podría reactivar la violencia sectaria entre ambas principales comunidades norirlandesas: unionista/protestante, por un lado, republicana/católica, en el polo opuesto.
«Cuanto más rebajemos la tensión y calmemos los ánimos, será lo mejor», dijo el ministro en declaraciones a medios británicos. Bryant apuntó, además, que ningún «político electo» debería «respaldar una protesta ilegal».
La disputa se centra en el desfile de la protestante Orden de Orange por la ciudad de Portadown, que se convirtió en polvorín de violentos disturbios en el pasado. La marcha atraviesa el enclave católico de Garvaghy Road y ha sido autorizada este mes por primera vez desde 1998. La última edición tuvo lugar en 1997, meses antes de la firma del Acuerdo de Viernes Santo-Belfast, motor de la paz en Irlanda del Norte.
La reactivación de la conmemoración divide al autogobierno compartido en sus identidades sociopolíticas: la formación republicana Sinn Fein respalda la «dignidad» y los «derechos» de la comunidad irlandesa de Garvaghy Road; el Partido Unionista Democrático (DUP) pide que se respete la decisión, refrendada judicialmente esta misma madrugada, que ha autorizado el desfile cuasi militar con ciertas restricciones en cuanto al número de orangistas marchando con sus distintivos trajes y bombines negros, fulares, cintas y estandartes en memoria de Guillermo III de Orange, quien derrotó al rey católico Jacobo II en 1690.
«Hemos logrado una victoria trascendental en los tribunales. La ley está de nuestro lado. Eso es lo que les da miedo: 35 hombres caminando pacíficamente por la calle, sin banda de música, en silencio y acompañados de sus compañeros», señaló Carla Lockhast, diputada del DUP en una circunscripción de la región.
La máxima dirigente del Sinn Fein, Mary Lou McDonald, y la ministra principal en el Norte, Michellle ONeil, se unieron desde la madrugada a la protesta de Garvaghy Road, que bloqueó la calle impidiendo el paso de la marcha. «No hay ciudadanos de segunda clase en Garvaghy Road», advirtió McDonald antes de reiterar el compromiso del movimiento republicano en defensa de la «dignidad» de los residentes afectados.
O’Neill, a su vez, admitió que la disputa «pone en duda el funcionamiento del proceso de paz» y reprochó a sus socios unionistas en el Gobierno compartido de «querer arrastrarnos al pasado». «Nosotros miramos al futuro, tratando de construir sobre nuestra paz y progreso. No vamos a permitir que nos lleven para atrás», dijo rodeada de activistas y residentes del enclave católico de la unionista localidad de Portadown.
Los vecinos católicos de una población eminentemente protestante impiden un desfile de la Orden de Orange que llevaba casi 30 años prohibido








