Nueva York, 30 mar.- La Pascua judía, una de las festividades más importantes del judaísmo, se celebra cada primavera durante una semana y conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, tal como se relata en la Biblia. Este año, comenzará al atardecer del 1 de abril y se desarrollará en un contexto marcado por tensiones internacionales y preocupaciones dentro de la comunidad judía.
A diferencia de otras celebraciones religiosas, el Pésaj se vive principalmente en el ámbito familiar. Según Motti Seligson, representante del movimiento Jabad-Lubavitch, se trata de la festividad judía más observada en Estados Unidos, precisamente porque sus rituales centrales ocurren en el hogar más que en la sinagoga.
El momento clave de la celebración es el Séder, una cena ceremonial en la que las familias relatan el Éxodo utilizando una guía llamada Hagadá. Durante este encuentro, los participantes consumen alimentos simbólicos como la matzá (pan sin levadura), hierbas amargas y vino, que representan la esclavitud, la libertad y la esperanza.
Una de las tradiciones más destacadas es la participación de los niños, quienes formulan preguntas rituales sobre el significado de la noche y buscan el “afikomán”, un trozo de matzá escondido, reforzando el carácter educativo y comunitario de la celebración.
Durante estos días, los judíos observantes evitan alimentos con levadura —conocidos como “jametz”— en recuerdo de la huida apresurada de Egipto, cuando no hubo tiempo para que el pan fermentara.
Este año, la celebración se desarrolla en un clima de preocupación debido a la guerra en Oriente Medio, con la implicación de Estados Unidos, Israel e Irán, así como por el aumento de incidentes antisemitas en distintas partes del mundo.
A pesar de ello, la Pascua judía sigue siendo un momento de unión familiar y reflexión. Además de las celebraciones en casa, muchas comunidades organizan Séderes colectivos en centros culturales, universidades y sinagogas, permitiendo que quienes no pueden celebrarlo en familia también participen en esta tradición milenaria.
Más allá del lugar donde se celebre, el mensaje central del Pésaj permanece vigente: recordar la libertad y transmitir de generación en generación la historia de un pueblo que, según la tradición, debe sentirse como si hubiera salido personalmente de Egipto.








