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Diego Rubio, el «monje» de Pedro Sánchez «arrogante y con muchos enemigos» que tapó Ceuta con Maricarmen

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Madrid, 4 de octubre.- Eran las 08.39 del 27 de julio cuando un número desconocido apareció en la pantalla del móvil de Diego Rubio. Recién aterrizado en Japón para disfrutar de tres semanas de vacaciones, el jefe de gabinete de Pedro Sánchez respondió la llamada y se encontró con la voz alarmada de su homólogo en el gobierno ceutí, Pablo García.

Durante seis minutos, el caballa le transmitió la inquietud de su presidente: los cruces a nado desde Marruecos se estaban disparando y temía que un aluvión saturara sus instalaciones. Rubio le prometió hablar con los ministerios implicados y, tras las cortesías habituales, quedaron en seguir en contacto.

Aquella llamada, aparentemente rutinaria, fue el primer aleteo de un efecto mariposa que, dos meses más tarde, ha revolucionado la política nacional.

En su búsqueda de culpables por la crisis migratoria en Ceuta, una variopinta coalición -el PP, el gobierno autónomo, el propio PSOE…- centró sus críticas en Diego Rubio. Cada mañana el consigliere presidencial desayunaba con un nuevo titular que censuraba su gestión de una crisis que no dejaba de agravarse. Siete semanas de monotema estaban destrozando su reputación. Así que decidió calcar la receta que aplica al Gobierno en sus peores días: si un tema te está dañando, sepúltalo bajo otro que te resulte más propicio.

Todas las fuentes consultadas detectan su huella en el origen de la estrategia Maricarmen. Léase: instrumentalizar la tragedia de una anciana para desviar la conversación de Ceuta hacia otro tema, la vivienda, donde el Gobierno se sintiera más cómodo.

La ventana de oportunidad resultaba «muy evidente» para todo el equipo de Moncloa. Sólo el empuje de la movilización social facilitaría la aprobación de unos decretos de vivienda que llevaban meses paralizados por el veto de Junts. «Cualquiera que hubiera estado sentado en mi silla lo habría visto», ha explicado Rubio esta misma semana.

Lo que casi nadie podía prever entonces era la cadena de hechos que desencadenaría el desahucio de Maricarmen. Una movilización brutal a favor de la anciana. Programas en prime time sobre su tragedia. Docenas de manifestaciones por el derecho a la vivienda en todo el país. Un nuevo 15-M en Sol para reclamar acciones inmediatas. Dos decretos negociados a toda prisa por la coalición de gobierno. Y, este viernes, el acto final: un inesperado voto en contra de Junts que coloca a Pedro Sánchez ante la disyuntiva de convocar elecciones

Pero, ¿quién es este desconocido jefe de Gabinete cuyo afán por desviar la atención de Ceuta a la vivienda ha llevado al presidente al borde de la disolución las Cortes?

No es arriesgado decir que es uno de los políticos más poderosos de España. Que manda más que todos los diputados. Más incluso que cualquier ministro. Sin embargo, Rubio suele torcer el gesto cuando se lo recuerdan: «Yo no soy un político».

Él prefiere verse como «un servidor público». Un «académico de paso» en el Gobierno. Un «hombre de ideas» con cierto don para el relato. «Es que yo no soy uno de ellos», se exaspera en privado cuando le cuelgan su detestado sambenito.

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