París, 26 de septiembre.- Más de 600.000 fieles han acudido a la misa oficiada por León XIV en la Plaza de la Concorde de París, en la mayor concentración más masiva que se recuerda desde el mítico concierto de Jean Michel Jarre en 1979. Cientos de autobuses venidos de Bretaña, Normandía, Borgoña y de todos los lugares de Francia convergieron junto a los Campos Elíseos desde horas antes de la aparición del pontífice, aclamado a su paso con el papamóvil y asistido por más de 400 jóvenes como «voluntarios del altar».
Mil coristas de 38 coros de la Isla de Francia participaron en el inicio de la liturgia, impartida por León XIV en francés a los pies del obelisco y seguida por los fieles por medio de un centenar de pantallas gigantes a lo largo de los Campos Elíseos. Más de 15.000 voluntarios participaron en la organización de la insólita ceremonia, con 2.500 puestos para la comunión y una tonelada de hostias consagradas horneadas para la ocasión.
«Francia sigue siendo la hija mayor de la Iglesia y lo estamos demostrando en un día como hoy», declaró sobre la marcha Antoine Roux, de 19 años, portando el estandarte de la FRAT (la Fraternal), la asocación de jóvenes «peregrinos» que avanzaron en tropel hacia el Arco del Triunfo horas antes del inicio de la multitudinaria misa a las tres de la tarde.
«Nuestros padres abandonaron su religión, pero nosotros la hemos redescubierto y nadie nos va a callar: queremos hacer mucho ruido», proclamaba a su lado Valentine Dupreu, de 17 años, que la noche anterior estuvo aclamando al Papa entre 80.000 fieles en el encuentro con la juventud en el Estadio de Francia.
El Papa arrancó su última e intensa jornada en París con una visita a un centro de integración para inmingrantes, la Casa de Josefina Bakhita (en honor a la santa sudanesa). León XIV escuchó allí, entre otros, los testimonios de un refugiado afgano que huyó de la guerra y de una nigeriana que escapó de una red de prostitución.
«Santa Bakhita nos invita a ver a los que son invisibles, a los que están esclavizados por la economía y la cultura de hoy, a honrar la dignidad infinita de cada hermano y hermama», recordó el pontífice, que se refirió de paso «al papel de las mujeres en la construcción de una civilización del amor!».
De allí se marchó el Papa al Instituto Católico de París y recitó un Padre Nuestro en francés durante su encuentro con la curia local y con seglares como Jawad, Marielle y Sophie, que relataron cómo han descubierto de adultos la fe católica.
«Estoy sorprendido por el número de personas que acuden hoy al umbral de la fe y por los muchos adultos que están pidiendo los sacramentos de iniciación a la fe cristiana», advirtió León XIV, que se felicitó por los 10.000 adultos bautizados en Francia en el 2025 (el doble que hace cinco años).
«Puede parecer paradójico este fenómeno de gente de redescubre el Evangelio en medio de una cultura fuertemente secularizada», recalcó el Papa, sin necesidad de recordar que apenas la mitad de los franceses se reconocen hoy por hoy como católicos y el número de «practicantes» de misa dominical es de apenas del 5%. El número de sacerdotes se ha reducido entre tanto dos tercios (de 25.000 a 9.000) en desde 1990.
El «laicismo» se ha convertido en la patata caliente de la visita del Papa, marcada por la ausencia de Emmanuel Macron en la misa de la Plaza de la Concorde, cuestionada por la mitad de los franceses. «Sinceramente, muchos no entendemos la decisión del presidente», declaró Vivienne Meunier, de 52 años, venida de Nantes. «Es una falta del respeto para el Papa y para millones de creyentes. Los católicos estamos orgullosos se practicar nuestra fe y lo que necesitamos es precisamente una mayor presencia en los espacios públicos».








