Ottawa, 12 de septiembre.- Un avance relámpago de los rebeldes hutíes amenaza una ruta marítima crucial en el Mar Rojo. Los ataques con aviones no tripulados atribuidos a las milicias iraquíes han obligado al cierre de un importante oleoducto, e Irán sigue perturbando el Estrecho de Ormuz.
Es un escenario de pesadilla para Arabia Saudita y ha provocado nerviosismo en los mercados globales.
El aliado más esencial de los sauditas, Estados Unidos, ha sido impredecible y en ocasiones poco confiable. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece reacio a ampliar una ya impopular y estancada guerra en Medio Oriente antes de las elecciones legislativas. Para Irán, el avance de los rebeldes y el cierre del oleoducto aumentan la presión económica global a medida que se ha aflojado su control sobre el Estrecho de Ormuz.
Michael Ratney, ex embajador de Estados Unidos en Arabia Saudita, dijo que los últimos acontecimientos son “increíblemente frustrantes” para el reino.
«A pesar de su antipatía por los iraníes, esta es una guerra que ellos nunca habían pedido, tenían gran temor. Y una vez que comenzó, todos sus… peores escenarios comenzaron a hacerse realidad».
El gobierno saudita no respondió a una solicitud de comentarios. Pero un funcionario saudí, que no estaba autorizado a informar a los medios y habló bajo condición de anonimato, dijo que el reino se defendería y trabajaría con sus socios, incluido Estados Unidos, para garantizar la libertad de navegación en el Mar Rojo.
Las esperanzas sauditas de un nuevo Medio Oriente se han esfumado
El príncipe heredero y gobernante de facto de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, ha pasado años tratando de construir un Medio Oriente muy diferente, con cambios sociales y económicos de amplio alcance destinados a transformar el reino ultraconservador en un centro de negocios global en una región más próspera e integrada.








