Redaccion, 30 de agosto.- Una extraña carcasa hallada en Canadá en 1937 sigue alimentando el debate científico sobre si se trató de una especie desconocida o de un tiburón peregrino en descomposición, casi 90 años después del descubrimiento en el archipiélago de Haida Gwaii, frente a la costa de Columbia Británica.
El episodio comenzó en el otoño de 1937, cuando trabajadores de una estación ballenera encontraron en el estómago de un cachalote restos de un animal de unos 3 metros de largo. La forma del cuerpo llamó la atención: una cabeza pequeña, un tronco alargado que recordaba al de un reptil y una cola asociada a la de un caballo.
Según el artículo publicado en GEO, una fotografía publicada el 31 de octubre de ese año en la portada de un diario local ayudó a instalar el caso como una leyenda regional.
Con el paso del tiempo, los habitantes de la zona empezaron a llamar a la criatura “Cadborosaurus”. Los restos tomados en aquel momento se perdieron y en la actualidad solo sobreviven algunas imágenes en blanco y negro.
Para algunos defensores de la criptozoología, disciplina dedicada a buscar animales cuya existencia no ha podido demostrarse, la desaparición de las muestras refuerza la idea de que se dejó pasar un hallazgo excepcional.
John Kirk, presidente del British Columbia Scientific Cryptozoology Club, sostuvo esa interpretación en declaraciones recogidas por The Guardian: “La comunidad científica, de la que formamos parte, siempre busca excusas para no incluir nuevos animales en el catálogo. Y, francamente, me parece una idea totalmente absurda”.
También consideró que una identificación equivocada provocó la pérdida de pruebas valiosas después de que un fragmento enviado a un museo de Victoria terminara destruido. Frente a esa hipótesis, varios biólogos marinos sostienen una explicación mucho más terrenal.
Según esa lectura, las fotografías muestran con mayor probabilidad el cuerpo de un tiburón peregrino en avanzado estado de descomposición, y la forma extraña tendría relación con los cambios que sufre esta especie después de morir.
Esta especie no tiene huesos, sino un esqueleto cartilaginoso, lo que acelera su degradación. Ese proceso puede alterar la silueta del animal hasta volverla irreconocible y dar lugar a figuras que recuerdan a criaturas prehistóricas o serpientes marinas.
Scott Wallace, excientífico especializado en pesca y autor de un informe federal sobre la especie publicado en 2007, relató una escena directa: “Como los tiburones peregrinos se alimentaban en la superficie, las tripulaciones podían bajar la pala y pasar por encima de ellos”. Y añadió: “Simplemente los partían por la mitad”.








