Madrid, 10 feb.- El Barcelona afronta la ida de las semifinales de la Copa del Rey con una incógnita de peso en su esquema ofensivo: Raphinha. El delantero brasileño sigue recuperándose de una lesión muscular y su presencia en el duelo del jueves frente al Atlético de Madrid, en el Metropolitano, continúa en el aire, lo que obliga al cuerpo técnico a manejar escenarios alternativos en uno de los partidos más exigentes de la temporada.
Raphinha no se entrenó este martes con el resto del grupo y ya se ha perdido dos encuentros consecutivos, una ausencia que ha encendido las alarmas en el club azulgrana pese a la buena dinámica colectiva. El internacional brasileño no juega desde el 31 de enero, cuando fue sustituido al descanso en la victoria liguera por 3-1 ante el Elche tras sentir molestias en la pierna derecha. Desde entonces, la evolución ha sido cautelosa, con el objetivo de evitar una recaída que pudiera alargar su baja.
“Estoy mejor, pero no al cien por cien. Vamos día a día”, reconoció el propio jugador en declaraciones a medios españoles. “Hay opciones de llegar el jueves, pero aún no lo sé. Si estoy bien, jugaré, pero vamos a esperar. No quiero estar al 50%”. El mensaje refleja la prudencia de un futbolista que se ha convertido en pieza clave del Barça esta temporada y cuyo rendimiento aconseja no asumir riesgos innecesarios.
Antes de lesionarse, Raphinha atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera en el club, con 10 goles en 11 partidos, liderando el ataque junto a los jóvenes talentos que han impulsado al equipo. Su ausencia obligaría a Xavi Hernández a ajustar el frente ofensivo, previsiblemente dando aún más protagonismo a Lamine Yamal, uno de los nombres propios del curso.
Un Barcelona en racha, pero ante un reto mayúsculo
El Barcelona llega a esta semifinal como vigente campeón de Copa y en un estado de forma notable: ha ganado 17 de sus últimos 18 partidos en todas las competiciones. La única derrota reciente fue el 2-1 ante la Real Sociedad el 18 de enero, un tropiezo que no ha frenado la ambición del equipo ni su solidez competitiva.
El cruce ante el Atlético, sin embargo, supone un desafío distinto. El conjunto de Diego Simeone se clasificó para semifinales tras un contundente 5-0 frente al Real Betis y busca regresar a una final copera por primera vez desde que levantó el título en la temporada 2012-13. Aunque los rojiblancos solo han logrado una victoria en sus últimos cuatro partidos oficiales, el contexto de eliminatoria y el factor Metropolitano elevan la exigencia.
En el bando azulgrana, Lamine Yamal aparece como el gran referente ofensivo si Raphinha no llega a tiempo. El joven atacante suma cinco goles en sus últimos cinco partidos y ya vio puerta tanto en octavos como en cuartos de final de la Copa, confirmando su impacto decisivo en los momentos clave.
El Atlético, por su parte, contará con el impulso del recién incorporado Ademola Lookman, quien marcó en su debut la semana pasada y aporta velocidad y desequilibrio a un ataque que busca mayor regularidad.
La otra semifinal y el contexto institucional
La otra semifinal del torneo será un derbi del País Vasco entre Athletic Club y Real Sociedad, con el partido de ida este miércoles en Bilbao. Ambos equipos empataron 1-1 en La Liga el pasado 1 de febrero. El Athletic alcanzó su sexta semifinal en siete temporadas tras vencer 2-1 al Valencia, mientras que la Real Sociedad se metió entre los cuatro mejores por tercer año consecutivo al imponerse 3-2 al Alavés.
Los partidos de vuelta se disputarán en marzo y la final está programada para abril en Sevilla.
Al margen del césped, el duelo ante el Atlético estará marcado también por el contexto institucional del Barcelona. Será el primer partido del equipo desde que Joan Laporta renunció formalmente a la presidencia el lunes, un paso previsto para poder presentarse a la reelección el próximo 15 de marzo. Laporta y varios miembros de su junta dejaron sus cargos para cumplir con los requisitos electorales, dejando una directiva interina encabezada por Rafael Yuste hasta el 30 de junio, cuando concluye el mandato actual.
En este escenario, deportivo e institucional, el Barcelona se juega más que una semifinal: se juega mantener su inercia ganadora y demostrar que, incluso sin una de sus figuras, está preparado para competir al máximo nivel.



