Tel Aviv, 10 feb.- El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, viaja este martes a Washington con un objetivo claro: presionar al presidente estadounidense Donald Trump para ampliar y endurecer el alcance de las negociaciones nucleares con Irán, reanudadas la semana pasada en medio de un amplio despliegue militar de Estados Unidos en Oriente Medio. La visita, que se extenderá hasta el miércoles, se produce en un momento especialmente delicado, marcado por la represión interna del régimen iraní, la inestabilidad regional y el temor israelí a que Washington acepte un acuerdo limitado que deje intactas las principales amenazas estratégicas de Teherán.
Israel lleva años reclamando una postura mucho más dura frente a Irán. Entre sus exigencias figuran el cese total del enriquecimiento de uranio, la reducción drástica del programa de misiles balísticos y el fin del apoyo iraní a grupos armados como Hamás y Hezbollah, considerados por Jerusalén como extensiones directas del poder iraní en la región. Teherán, sin embargo, ha rechazado sistemáticamente estas condiciones, defendiendo su “derecho” a desarrollar un programa nuclear civil y exigiendo a cambio un alivio sustancial de las sanciones internacionales.
La visita de Netanyahu se produce apenas dos semanas después de que el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del presidente y asesor para Oriente Medio, se reunieran con el primer ministro israelí en Jerusalén. Paralelamente, representantes estadounidenses mantuvieron conversaciones indirectas con el ministro de Exteriores iraní en Omán, un formato que refleja tanto la desconfianza mutua como la fragilidad del proceso diplomático.
Desde la oficina de Netanyahu se insiste en que cualquier negociación que ignore el programa de misiles balísticos y la red de milicias respaldadas por Irán está condenada al fracaso. “El primer ministro considera que un acuerdo parcial solo pospondría el problema y aumentaría el riesgo de un conflicto mayor en el futuro”, señaló el Gobierno israelí durante el fin de semana.
Años de estancamiento y una estrategia estadounidense errática
Las conversaciones nucleares con Irán arrastran años de estancamiento, especialmente desde que Trump, con el respaldo explícito de Israel, rompió en 2018 el acuerdo nuclear de 2015, al considerarlo insuficiente y favorable a Teherán. Desde entonces, Irán ha avanzado en su capacidad nuclear y ha demostrado escasa voluntad de negociar los aspectos más sensibles para Israel y sus aliados, incluso tras sufrir reveses militares significativos.
Netanyahu, que ha construido buena parte de su carrera política en torno a la amenaza iraní, ya logró el año pasado un respaldo decisivo de Washington cuando Estados Unidos se sumó a Israel en una serie de ataques de 12 días contra objetivos militares y nucleares iraníes. Ahora, la posibilidad de una nueva acción militar conjunta vuelve a sobrevolar las conversaciones, en un contexto en el que la diplomacia parece avanzar más por presión que por confianza.
“El Gobierno estadounidense está intentando agotar la vía diplomática mientras completa su despliegue militar en la región”, explicó Yohanan Plesner, presidente del Instituto de Democracia de Israel. “Pero estos son días de decisiones reales, no de gestos simbólicos. La influencia se ejerce cara a cara, no solo a través de videollamadas”, añadió.
Represión interna en Irán y cambio de prioridades en Washington
El telón de fondo de estas negociaciones es la brutal represión del régimen iraní contra protestas masivas el mes pasado, que dejó miles de muertos y decenas de miles de detenidos, según fuentes internacionales. Trump llegó a amenazar públicamente con una acción militar en respuesta a las muertes de manifestantes y la posibilidad de ejecuciones masivas, lo que aceleró el envío de activos militares estadounidenses a la región.
Sin embargo, una vez sofocadas las protestas, la Casa Blanca reorientó su discurso hacia el programa nuclear iraní, considerado por Estados Unidos, Israel y otros aliados como una tapadera para el desarrollo de armas nucleares. Irán insiste en que su programa es pacífico, aunque el nivel de enriquecimiento alcanzado y la falta de transparencia alimentan el escepticismo internacional.
El temor israelí a un acuerdo “cosmético”
Expertos en seguridad advierten de que el principal miedo de Israel es que Washington acepte un acuerdo limitado, en el que Irán se comprometa únicamente a detener temporalmente el enriquecimiento de uranio. Para Trump, un pacto de este tipo permitiría presentarse como vencedor político a corto plazo. Para Israel, en cambio, sería una solución cosmética que dejaría intacta la amenaza a medio y largo plazo.
“Un acuerdo que no desmantele el programa nuclear iraní ni reduzca su arsenal de misiles balísticos solo aplaza el conflicto”, advirtió Sima Shine, exfuncionaria del Mossad y actual analista del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel. Según Shine, Jerusalén teme que un pacto dé margen a Irán para reorganizarse y obligue a Israel a intervenir militarmente de nuevo en el futuro.
Algunos analistas señalan, además, que los ataques del año pasado podrían haber limitado la capacidad inmediata de Irán para enriquecer uranio, lo que haría más atractiva para Teherán una moratoria temporal. Para Israel, esta posibilidad refuerza la necesidad de presionar ahora, antes de que un acuerdo parcial consolide una situación que considera inaceptable.
La visita de Netanyahu a Washington no solo busca influir en la política estadounidense hacia Irán, sino también reforzar su posición interna, proyectándose como el líder capaz de plantar cara a Teherán y condicionar las decisiones de la Casa Blanca. En un escenario de alta tensión regional, el margen para errores se reduce, y cada concesión diplomática puede tener consecuencias estratégicas duraderas.



