China afronta el mayor éxodo humano del planeta en un Año Nuevo Lunar marcado por la desaceleración económica

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Beijing, 10 feb.- Millones de trabajadores chinos vuelven a emprender estos días viajes interminables para regresar a sus lugares de origen con motivo del Año Nuevo Lunar, en lo que se conoce como chunyun, el mayor movimiento humano del mundo, una tradición que este año llega cargada de incertidumbre económica, sacrificios personales y señales evidentes de fatiga social.

Liu Zhiquan, obrero de la construcción en Beijing, planificó un trayecto en tren de más de 30 horas hasta Chengdu, capital de la provincia de Sichuan, a unos 2.000 kilómetros de distancia. Podría haber llegado en apenas nueve horas en un tren de alta velocidad, pero el precio —más del doble— lo obligó a optar por la opción más lenta.

«Las cosas parecen peores este año que el pasado. La economía está mal y cada vez es más difícil ganar dinero», lamenta Liu, que como millones de trabajadores migrantes solo puede permitirse ver a su familia una vez al año.

El viaje, agotador y largo, es para muchos el único sacrificio posible con tal de no faltar a la cita más importante del calendario chino: el reencuentro familiar del Año Nuevo Lunar, que este año se celebrará el 17 de febrero.

Un récord histórico de desplazamientos
Según estimaciones oficiales de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, durante los 40 días que rodean al festival se realizarán 9.500 millones de desplazamientos, una cifra récord que ilustra tanto la magnitud del país como la persistencia de una economía profundamente dependiente de la movilidad laboral.

De ese total, unos 540 millones de viajes se harán en tren y 95 millones por vía aérea, mientras que la gran mayoría se realizará por carretera, saturando autopistas y redes de transporte locales.

En un país donde las jornadas laborales extensas, el trabajo en fines de semana y los escasos días de vacaciones son la norma, el Año Nuevo Lunar representa la única pausa real del año para cientos de millones de personas.

Estaciones abarrotadas y vidas en tránsito
En las principales estaciones de tren de Beijing, las escenas se repiten: salas de espera abarrotadas, pasajeros rodeados de bolsas voluminosas y maletas improvisadas, familias sentadas en el suelo y trabajadores comiendo fideos instantáneos, una opción práctica gracias a que las estaciones ofrecen agua caliente gratuita.

Para Tian Duofu, una joven que acaba de incorporarse al mercado laboral en la capital, las vacaciones de nueve días que comienzan el 15 de febrero tienen un valor especial. «Después de empezar a trabajar, te das cuenta de que unas vacaciones tan largas son muy raras. Nos vemos cada vez menos en persona y eso hace que el Festival de Primavera sea realmente significativo», explica.

Tian Yunxia, procedente de la provincia de Henan y propietaria de un pequeño puesto de desayunos en Beijing, resume el sentimiento de millones de migrantes internos: «El Año Nuevo es el festival más importante del año. Si no volvemos a casa, no sentimos el ambiente. Quiero ver a mis hijos, a mis nietos y a mi esposo».

Tradición, sacrificio y una economía bajo presión
Aunque el Gobierno presenta el chunyun como una demostración de vitalidad y cohesión social, para muchos ciudadanos el fenómeno refleja también las tensiones estructurales de la economía china: salarios ajustados, alto costo de vida en las grandes ciudades y una dependencia crónica del trabajo migrante.

El hecho de que millones de personas opten por trayectos de más de un día para ahorrar dinero es, para analistas y ciudadanos, una señal clara de que la desaceleración económica está afectando incluso a los rituales más arraigados.

Aun así, pese al cansancio, las multitudes siguen avanzando. Porque para millones de chinos, el Año Nuevo Lunar no es solo una fiesta: es el único momento del año en el que el hogar vuelve a sentirse cerca, aunque haya que recorrer miles de kilómetros para alcanzarlo.

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