Redacción, 19 de octubre.- Seguir teniendo objetivos cuando ya se ha alcanzado el éxito es uno de los grandes desafíos de cualquier deportista. Cristiano Ronaldo ha hecho de esa idea una parte esencial de su trayectoria. A sus 41 años, el delantero portugués continúa defendiendo una filosofía basada en la exigencia personal y en la convicción de que siempre queda algo por mejorar. “En mi cabeza siempre pienso que puedo mejorar. Mi ambición es estar siempre mejor”, afirma, en una reflexión que resume su manera de afrontar el trabajo y la competición.
El futbolista del Al Nassr no plantea la ambición como una meta que desaparece al conseguir determinados logros. Al contrario, su planteamiento parte de la posibilidad de seguir evolucionando independientemente de lo que se haya conseguido hasta ese momento. Llegar a la cima no elimina la necesidad de trabajar, del mismo modo que cumplir un objetivo no obliga a detenerse. La siguiente meta puede aparecer precisamente cuando se alcanza la anterior.
Esta mentalidad permite entender la importancia que tienen la disciplina y la constancia en una carrera deportiva tan prolongada. Mantenerse durante más de dos décadas entre los mejores exige algo más que talento. También implica conservar la capacidad de exigirse, respetar las rutinas de trabajo y no perder la ambición después de los éxitos. En el caso de Cristiano, la voluntad de continuar mejorando ocupa un lugar central en esa forma de entender su profesión. Además, tiene claro que su nombre no pasará inadvertido en el mundo del fútbol: “Sé que estaré en la historia del fútbol por lo que estoy haciendo y ganando, bien sea en el ámbito colectivo o el individual. Sé que tendré una página bonita entre los grandes del fútbol de todos tiempos. Y eso me hace feliz”.
Uno de los riesgos de alcanzar aquello que se persigue durante años es caer en la comodidad. Cuando los resultados llegan y las metas se cumplen, puede resultar más difícil encontrar nuevos motivos para mantener el mismo nivel de exigencia. La reflexión de Cristiano Ronaldo apunta precisamente en la dirección contraria: asumir que siempre existe margen para avanzar.
Ese planteamiento no consiste necesariamente en buscar la comparación constante con otros deportistas. La mejora también depende de la capacidad de analizar el propio rendimiento, reconocer los aspectos que todavía pueden evolucionar y trabajar sobre ellos. El punto de referencia pasa a ser uno mismo y la posibilidad de superar la versión anterior, en lugar de medir cada paso exclusivamente en función de los demás. Convertir esa actitud en una costumbre resulta fundamental. Los progresos no siempre llegan de manera inmediata y no todos los días ofrecen las mismas sensaciones. Sin embargo, mantener el compromiso permite dar continuidad al trabajo, incluso cuando los resultados no son los esperados o la motivación no aparece con la misma intensidad.
Cristiano sigue teniendo la ambición de “estar siempre mejor”, aunque no es ajeno a las circunstancia. Sabe que la retirada está llamando a su puerta y no le asusta. “Probablemente, este sea mi último año en el fútbol y quiero dejar un legado espectacular”, detalló en un entrevista con Vogue. Durante años se ha ido preparando para ese momento de colgar las botas como él mismo aseguró en dicha entrevista: “Tengo mi futuro totalmente planeado. Tengo tantas cosas que hacer para mantenerme ocupado que no podría decirte solo una”.
Tras más de 25 años de sacrificios y esfuerzos, el portugués considera que ha llegado el momento de disfrutar de cosas y actividad que durante su etapa como futbolista no ha podido: “Será divertido, viajaré más, jugaré y veré más pádel, que me gusta mucho, y continuaré disfrutando de lo que me he ganado, o que nos hemos ganado”. Tan solo tiene un reto que conseguido antes de poner el punto y final a su carrera: conseguir la cifra de 1000 goles a lo largo de su carrera. Actualmente, le faltan menos de 20 goles para conseguirlo.








