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La gran serie de Movistar Plus+ que nos introduce en el mundo de la explotación sexual: “Hay todo un sistema social que sostiene la trata como negocio”

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Redacción, 18 de octubre.- El castillo es sin duda una de las series españolas del año, la adaptación del libro El proxeneta, de Mabel Lozano, que han llevado a cabo Isabel Peña y Eduardo Villanueva para Movistar Plus+, bajo la dirección de Elena Martín y Sandra Romero.

En ella, nos adentramos en el negocio de la explotación sexual y la trata desde tres puntos de vista: el de una mujer captada para la prostitución (Valentina Vidal), el de un joven policía que se introduce en los bajos fondos todavía inexplorados de los puticlubs (Omar Ayuso) y el de un proxeneta que comenzará a cambiar las reglas del juego a través del chantaje y la corrupción (Raúl Arévalo).

“Nosotros llevábamos un tiempo pensando que el universo de la trata de mujeres no se había contado. Pero era una impresión muy imprecisa, como que sabíamos que ahí había una historia, pero no teníamos muy claro cómo enfocarla”, cuenta Eduardo Villanueva para Infobae. “Entonces leí El proxeneta, de Mabel Lozano, y me explotó la cabeza, porque estaba contado en primera persona y te desgranaba todo el funcionamiento de ese entramado criminal que es terrorífico y aterrador, pero al mismo tiempo fascinante a la hora de contarlo”.

Para Isabel Peña y Eduardo Villanueva había varias razones poderosas a la hora de llevar esta historia a la pantalla. “Por un lado estaba la narrativa, adentrarnos en un universo que no se había contado. Pero, por encima de eso, estaba la política, hablar de un tema del que no se había hablado porque correspondía a una realidad muy opaca. La ficción muchas veces es un camino para dar a conocer realidades desconocidas para el espectador”.

A Isabel Peña le sorprendió la falta de pudor con la que hablaba en primera persona el narrador de El proxeneta y afirma que fue la primera parte de su proceso de documentación. “Hay muchas ramificaciones que van desde lo criminal hasta lugares que conviven de una manera legal con la sociedad, con tentáculos que se extienden a colaboradores como abogados, médicos, que sacan provecho de toda esa situación”.

Al principio iban a centrar su mirada únicamente en el punto de vista del proxeneta, pero gracias a los consejos del anterior equipo de Movistar Plus+, liderado por Domingo Corral, se dieron cuenta de que lo mejor era diversificar las perspectivas, convertir al protagonista en antagonista y ofrecer otros compañeros de viaje a través de los que el espectador pudiera acercarse a ese viaje por las entrañas de un universo tan asfixiante como turbio.

Los creadores de El castillo aseguran que querían hacer una serie de estilo clásico, como en su momento fue The Wire pero, sin embargo, toman decisiones que se alejan por completo de la narrativa convencional. Hay fueras de campo muy específicos, la violencia no aparece plasmada de forma morbosa y casi nunca se ve en plano, no hay voces en off, no hay flashbacks ni ‘flash fowards’, hay un cambio de punto de vista inesperado en el último capítulo y las escenas de sexo están rodadas de una manera muy concreta que nunca se habían visto así reflejadas, con esa intención en la pantalla.

“Creo que en una serie sobre la trata, que solo haya dos escenas de sexo, ya es una declaración de intenciones”, cuenta Elena Martín. “Cuando leí el guion, me di cuenta de que se ponía mucho el foco en los hombres, en el sistema, en cómo funciona, en hacerles preguntas a ellas de por qué se dedicaban a eso. Y todo eran pistas que se unieron a mi preocupación por cómo retratar el cuerpo de las mujeres”, dice la directora de Creatura.

“Para mí, dónde poner la cámara era muy importante y le di muchas vueltas. Así que decidí que no íbamos a ver el cuerpo de la protagonista, que no íbamos a exponerla y solo lo veríamos a él, al cliente. De esa forma poníamos en relieve la desconexión de su cuerpo, su falta de deseo en ese acto, el sentirse utilizada y la disociación que le provoca”.

Isabel Peña cuenta que había una intención muy precisa de no castigar al personaje de Claudia, dotarlo de dignidad, que el espectador pudiera empatizar con ella sin necesidad de mostrar golpes, violaciones, como siempre se ha hecho a la hora de contar este tipo de historias en las que se ha estigmatizado el cuerpo femenino.

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