Madrid, 14 de octubre.- Irán ha condenado a muerte a Najmeh Amini, una estudiante de 23 años, por una publicación en redes sociales, en un momento en que el país vive una escalada de ejecuciones y de castigos contra quienes participaron en las protestas antigubernamentales del pasado enero. Amini, detenida durante las movilizaciones y presa en Mashhad, cumple además más de 12 años de cárcel en otro proceso, aunque ambas sentencias todavía pueden recurrirse ante el Tribunal Supremo.
Su caso llega después de que el monitor Iran Human Rights, con sede en Oslo, contabilizara más de 600 ejecuciones en lo que va de año, y de que Amnistía Internacional denunciara que entre el 30 de septiembre y el 5 de octubre se ejecutó a cinco jóvenes condenados por participar en las protestas. Organizaciones de derechos humanos advierten de que las autoridades usan cada vez más la pena capital para sembrar el miedo, y el Parlamento estudia ahora castigar el contacto con medios extranjeros, incluidas las publicaciones en redes sociales que se consideren financiadas desde fuera.
Amini fue condenada por blasfemia por unas publicaciones en redes sociales que no han sido reveladas en los medios. Una fuente cercana a su familia explicó a la organización estadounidense HRANA que la policía cibernética iraní, conocida como Fata, la vigiló por internet, a pesar de que el perfil de la acusada era privado. Grupos de derechos denuncian que sufrió graves agresiones físicas durante la detención y pasó casi tres meses aislada en el pabellón de seguridad de la prisión.
El Código Penal islámico iraní castiga con la muerte el insulto al profeta, aunque contempla excepciones para quien hable bajo los efectos del alcohol o sin intención, un supuesto que puede acarrear hasta 74 latigazos. Según el diario iraní Khorasan, que confirmó el proceso, Amini alegó ante el tribunal que escribió los comentarios mientras sufría alucinaciones tras consumir setas con unos amigos, pero su defensa fue rechazada. Durante la vista, la fiscalía le preguntó a Amini por qué, si se encontraba bajo los efectos de un alucinógeno, no se le ocurrió insultar también a Estados Unidos o a Israel, países enemigos de Teherán y que lanzaron una guerra contra el régimen a finales de febrero.
Desde prisión ha conseguido hacer llegar una grabación de audio a los medios, en la que pide ayuda para frenar su condena de muerte. «No pretendo convertirme en una heroína hoy. Solo quiero una cosa: que sean mi voz», declara en la grabación. «Recuerden mi nombre, puede que no vuelva a hablar. Pero mientras viva, albergo una esperanza, que antes de que la soga marque el fin de mi vida, vea a mi Irán próspero y libre».
Una protesta que comenzó a finales de diciembre por el desplome del rial frente al dólar, se extendió rápidamente por todo el país con gritos contra el régimen. Las autoridades sofocaron las protestas con una gran violencia, con más de 50.000 detenidos y 7.000 muertos, según grupos de derechos, mientras que otras organizaciones elevan la cifra de fallecidos a más de 10.000.
En medio de las tensiones tras la guerra contra Estados Unidos e Israel, Irán ha incrementado la presión contra la disidencia y eso se ha traducido en un aumento de las ejecuciones, que según grupos de derechos, son usadas para sembrar el miedo y sofocar a la oposición. «Las ejecuciones arbitrarias sirven como otro escalofriante recordatorio de cómo las autoridades iraníes utilizan la pena de muerte como arma para hacer que el coste de la disidencia sea tan alto que aterroriza a la población hasta hacerla callar», señaló Amnistía Internacional en un comunicado reciente. El grupo denunció «un patrón aterrador y conocido» durante los procesos judiciales, en los que se niega el acceso a abogados durante los interrogatorios, así como el uso de la tortura para confesiones forzadas.
Cumple además más de 12 años de cárcel en otro proceso, aunque ambas sentencias todavía pueden recurrirse ante el Tribunal Supremo








