La habana, 8 de octubre.- ¿Trabajar porque la jubilación no alcanza? A los 81 años, el doctor en Ciencias Raúl González Hernández, vinculado al desarrollo del suplemento nutricional Trofín, sale a vender café en La Habana para complementar una jubilación que no alcanza para sus necesidades básicas. Su caso adquirió visibilidad a partir del testimonio público de su hija, quien describió la situación económica de la familia.
González Hernández es investigador titular y cuenta con una trayectoria dentro del sistema científico cubano. Su nombre está asociado al Trofín, un suplemento alimenticio registrado en la década de 1990, utilizado como apoyo en tratamientos contra la anemia, convalecencias y otros cuadros de déficit nutricional.
El investigador no figura como titular individual del producto. Las patentes y los registros quedaron en manos de instituciones estatales, una práctica habitual en el sistema científico de la isla. Esa circunstancia separa su aporte profesional de cualquier beneficio económico directo que pudiera derivarse de la comercialización del suplemento.
La hija del científico, Elizabeth González Aznar, relató que la familia atravesó una reducción de ingresos después de que ella dejara su puesto en el Instituto Finlay por razones de salud y estrés laboral. Más tarde intentó incorporarse a otros centros de BioCubaFarma, aunque, según explicó, no encontró una vacante.
En ese escenario, González Hernández buscó distintas alternativas para obtener dinero. Primero vendió vino y luego instaló, junto con su hija, un carrito para ofrecer café. La actividad pasó a ser una fuente adicional para sostener los gastos cotidianos del hogar.
En una publicación en redes sociales, González Aznar señaló que su padre enfrenta esa tarea sin renunciar a su identidad como investigador. “A tus 80 te desdoblas y vendes café”, escribió al referirse a la necesidad de generar ingresos fuera de la pensión.
La científica también recordó los orígenes de su padre en Madruga, donde creció como el mayor de ocho hermanos de una familia campesina.
La experiencia de González Hernández forma parte de una realidad extendida entre jubilados cubanos, que recurren a ventas ambulantes, trabajos informales y pequeños negocios para cubrir alimentos, medicamentos, transporte y otros gastos esenciales.
En los últimos años, la pérdida de poder adquisitivo de salarios y pensiones aumentó la presión sobre los adultos mayores. Muchos dependen de familiares residentes en el exterior, mientras otros complementan sus ingresos con la venta de comida, café, cigarros, artículos de uso diario o servicios ocasionales.
El caso del científico muestra esa situación desde la perspectiva de un profesional que dedicó su carrera a la investigación estatal. Pese a su participación en el desarrollo de un suplemento utilizado para atender problemas de anemia, su jubilación no le permite prescindir de una actividad económica adicional.








