Redacción, 2 de octubre.- El cuidado atraviesa la vida cotidiana de una parte significativa de la población. Sin embargo, cuando esa tarea recae principalmente sobre una sola persona, puede implicar efectos importantes en su bienestar, sus oportunidades y su rutina cotidiana.
Muchas personas se sienten superadas por las demandas que implica atender a alguien en situación de dependencia. Este fenómeno, conocido como síndrome del cuidador, está vinculado al estrés que provocan la exigencia emocional y el esfuerzo físico sostenido. Sus efectos pueden deteriorar la salud física, mental y emocional, además de repercutir en la vida social, laboral y económica de quien cuida.
Un relevamiento de la Universidad Austral, basado en una encuesta online a 1028 personas mayores de 18 años que viven en la Argentina, analizó quiénes asumen las tareas de cuidado, a quiénes están destinadas y cuál es el impacto en sus vidas. La encuesta se realizó entre octubre de 2025 y abril de 2026.
El 40,8% de los cuidadores principales evaluados presentó sobrecarga intensa, un nivel que el informe asoció con mayor morbimortalidad y que consideró merecedor de intervención. El resultado sugirió que concentrar la responsabilidad cotidiana del cuidado podría afectar el bienestar de quien la asume, aun cuando muchos cuidadores también la valoran de forma positiva.
El 20,4% de los participantes indicó que cuidaba a algún familiar. Entre las mujeres cuidadoras, el 60,6% se identificó como cuidadora principal, frente al 44,4% de los varones; los vínculos más frecuentes fueron madres o suegras, hijos de seis a 12 años, hijos de 13 a 18 años y padres o suegros.
Para medir la carga asociada a esa responsabilidad, el estudio aplicó la Escala de Sobrecarga del Cuidador de Zarit, un cuestionario de 22 ítems que clasifica los resultados en tres niveles: ausencia de sobrecarga (≤46 puntos), sobrecarga ligera (47-55) y sobrecarga intensa (≥56), asociada a mayor morbimortalidad del cuidador/a y que amerita intervención.
Según el estudio, la carga mental es más pesada para las cuidadoras. Al 44% de las mujeres el cuidado le impide sostener un proyecto personal (vs. 10% de los varones) y al 54% descansar lo suficiente (vs. 30%). Solo el 19% de ellas no reporta ninguna dificultad, frente al 45% de los varones.
Entre los 120 cuidadores principales evaluados, seis de cada diez atravesaban algún grado de sobrecarga. El informe también registró diferencias según el sexo y la convivencia con la persona que recibía el cuidado.
Declarar que se contaba con apoyo no se asoció, por sí solo, con una menor proporción de sobrecarga intensa: alcanzó al 40%, tanto entre quienes dijeron tenerlo como entre quienes no. El informe planteó que “importa la calidad del apoyo y no solamente su existencia”.
El relevamiento incluyó la Escala MOS de apoyo social percibido, que contempló apoyo afectivo, informacional y operativo. El cuidado fue abordado en un sentido amplio, más allá de las tareas concretas realizadas.








