CIUDAD DE MÉXICO (AP).— La visita a México de la activista cubana Rosa María Payá, integrante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), desató una controversia que alcanzó a la presidenta Claudia Sheinbaum y puso a prueba la histórica cercanía del gobierno mexicano con La Habana.
La polémica se produce en medio del endurecimiento del cerco comercial de Washington contra Cuba y la amenaza del presidente Donald Trump de imponer sanciones a los países que suministren petróleo a la isla. México envió recientemente más de 800 toneladas de alimentos y enseres como ayuda humanitaria, y evalúa mecanismos diplomáticos para retomar los envíos de crudo.
Críticas cruzadas
El congresista republicano Carlos Giménez salió en defensa de Payá tras las críticas de Sheinbaum, quien cuestionó que la activista participara en el foro “Cuba y América Latina, seis décadas de autoritarismo”, organizado por la Universidad de la Libertad, vinculada al empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego, opositor al gobierno.
En su cuenta de X, Giménez calificó a Sheinbaum de “marioneta” de Cuba y afirmó que sus señalamientos contra Payá evidencian una “preocupante colaboración con el régimen”.
La presidenta mexicana sostuvo que, si la activista acudía en representación de la CIDH, no debería “militar a favor de una u otra causa”, sino limitarse a revisar casos conforme a denuncias formales.
En respuesta, el subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco, defendió la política exterior mexicana como “soberana” y basada en el principio de no intervención.
Por su parte, Payá —hija del fallecido opositor cubano Oswaldo Payá— aseguró que su visita fue de carácter académico y a título personal. “Defender la democracia no es militar, es un derecho”, escribió en redes sociales.
México entre presiones
Sheinbaum ha mantenido una postura prudente frente a las nuevas sanciones estadounidenses, aunque en días recientes calificó de “muy injustas” las medidas que buscan penalizar a países que exporten petróleo a Cuba.
La mandataria reiteró que México analiza vías diplomáticas para reactivar los envíos de crudo a la isla, suspendidos a inicios de año. La interrupción coincidió con la suspensión de suministros desde Venezuela, cuyo gobierno —encabezado por Nicolás Maduro— era el principal proveedor energético de Cuba.
De acuerdo con datos oficiales, entre enero y septiembre del año pasado México envió a la isla un promedio de 19.200 barriles diarios de petróleo y derivados. La estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) informó que en 2025 los suministros a Cuba alcanzaron un valor de 496 millones de dólares.
Reclamo a la CIDH
La controversia escaló cuando la cancillería mexicana envió una nota diplomática a la Secretaría Ejecutiva de la CIDH para señalar que no fue notificada previamente del viaje de Payá.
En un comunicado, el gobierno recordó que los comisionados deben ceñirse al estatuto del organismo —que forma parte de la Organización de los Estados Americanos (OEA) con autonomía funcional— y evitar actividades que puedan afectar su independencia o imparcialidad.
El episodio refleja el delicado equilibrio que enfrenta México entre su tradicional política de no intervención, su respaldo humanitario a Cuba y las crecientes presiones de Washington en el actual contexto regional.



