Ottawa, 10 feb.- El primer ministro de Canadá, Mark Carney, aseguró este martes que mantuvo una conversación directa con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para rebatir las afirmaciones falsas del mandatario estadounidense sobre el Puente Internacional Gordie Howe, cuya apertura Trump ha amenazado con bloquear en un nuevo episodio de tensión bilateral.
Según explicó Carney a los periodistas en Parliament Hill, trasladó a Trump que el Gobierno canadiense financió íntegramente la construcción del puente, con una inversión aproximada de 4.000 millones de dólares, y que Estados Unidos ya dispone de participación en la propiedad, en contra del relato difundido por la Casa Blanca.
“El puente fue construido con trabajadores canadienses y estadounidenses, y con acero procedente de ambos países”, subrayó el primer ministro, desmontando así la acusación de Trump de que apenas se utilizó contenido estadounidense en el proyecto, una afirmación que Ottawa considera inexacta y políticamente interesada.
El Puente Gordie Howe, que conectará Windsor (Ontario) con Detroit (Michigan), no pertenece en exclusiva al gobierno federal de Estados Unidos, como sugirió Trump. En realidad, se trata de una infraestructura de propiedad pública compartida entre Canadá y el estado de Michigan, mientras que su futura operación recaerá en la Autoridad del Puente Windsor-Detroit, una corporación de la Corona canadiense.
Carney defendió el proyecto como un ejemplo emblemático de cooperación bilateral, destacando su impacto estratégico en el comercio, el turismo y la movilidad transfronteriza. “Es un gran ejemplo de lo que nuestros países pueden lograr juntos. Lo más importante es el flujo de mercancías y de personas que cruzarán ese puente”, afirmó.
Las declaraciones del primer ministro llegan después de que Trump volviera a amenazar públicamente con impedir la apertura del puente, exigiendo que Estados Unidos controle “al menos la mitad” del activo, en un contexto marcado por la inminente revisión del T-MEC y una estrategia estadounidense cada vez más agresiva hacia sus socios comerciales.
Desde Ottawa, la percepción es que estas amenazas forman parte de una táctica de presión negociadora, en la que la Administración Trump utiliza infraestructuras críticas como moneda de cambio política, incluso a costa de deteriorar relaciones con aliados históricos.
Carney confirmó además que el embajador de Estados Unidos en Canadá, Pete Hoekstra, tendrá un papel relevante para canalizar el diálogo y rebajar la escalada retórica en torno al proyecto. “Fue una conversación positiva”, dijo el primer ministro, tratando de transmitir calma institucional frente al tono confrontacional de Washington.
En un cierre distendido, pero cargado de simbolismo nacional, Carney añadió que también comentó con Trump el partido olímpico de hockey femenino entre Canadá y Estados Unidos, asegurando con confianza que el equipo canadiense saldrá victorioso. “Es un partido importante y vamos a ganar”, bromeó.
Más allá de la anécdota deportiva, el episodio vuelve a poner de relieve cómo la gestión estatal estadounidense bajo Trump recurre a la desinformación, la presión económica y el conflicto político como herramientas habituales, incluso cuando están en juego infraestructuras estratégicas esenciales para el comercio norteamericano y miles de empleos a ambos lados de la frontera.



