Incluso en el supuesto de que la actual pandemia del coronavirus no fuera más que un mal sueño, la cantante Billie Eilish no podría salir de fiesta o divertirse sin restricciones con sus amigos de toda la vida en espacios públicos, como sin duda harían tantos adolescentes de su edad. Y es que la diferencia entre la intérprete y muchos otros jóvenes de su generación, como se ha encargado de señalar la propia estrella del pop, reside en que ella ha de sobrellevar unos altísimos niveles de fama que, entre otras cosas, le imponen innumerables trabas a su vida social.

“No os preocupéis por mí, no voy a fiestas ni salgo demasiado por la calle. Francamente, yo soy ‘yo’ y no puedo hacerlo… En ningún lugar del mundo. ¡Pero está bien!”, ha señalado con cierta sorna en su última entrevista a la edición estadounidense de Vanity Fair, justo antes de confesar que, incluso en sus tiempos de chica anónima y de “fuerte voluntad”, tampoco era de esas personas que caían demasiado en los excesos derivados del alcohol o las drogas.

“Me estoy dando cuenta ahora de que quizá tenía ciertos sentimientos de superioridad con respecto al resto de mis amigos. Cuando salíamos por ahí, muchos de ellos fumaban, bebían y tomaban ciertas drogas, pero a mí no me interesaba demasiado debido a mi personalidad. Tengo mucha fuerza de voluntad y siempre he sido muy ‘alfa’, por lo que ese tipo de respuesta me agradaba”, ha añadido en la misma conversación.

La artista de 19 años también se ha referido en su charla a esos sentimientos encontrados que le invaden cuando su equipo de seguridad -recordemos, en tiempos previos a la crisis sanitaria- ha de establecer claros límites a las “muestras de amor” que recibe de sus fans más acérrimos. “Definitivamente se necesitan límites y la gente de tu alrededor puede ayudarte en esos casos. Pero reconozco que me cuesta apartar a gente que solo quiere mostrarme amor, incluso si estas muestras son un poco locas. Por lo menos trato de no ’empujar’ demasiado”, ha aseverado.