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Residentes del Hospital de Clínicas denuncian jornadas de hasta 36 horas y sueldos que no alcanzan: “Cuesta llegar a fin de mes”

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Redacción, 15 de octubre.- A horas de la quinta marcha universitaria, convocada para este jueves, los médicos residentes del Hospital de Clínicas vuelven a poner sobre la mesa un reclamo que arrastran desde hace tiempo: sueldos que no alcanzan, jornadas que se extienden hasta 36 horas seguidas y un hospital que, según denuncian, no siempre cuenta con lo necesario para operar a sus pacientes.

Nicolás Domínico, médico y jefe de residentes de la División Ortopedia y Traumatología del Hospital de Clínicas de la UBA, resumió en pocas palabras la rutina que atraviesa junto a sus colegas. “Trabajamos en promedio 16 horas por día”, contó en Infobae Al Amanecer.

El profesional aclaró que esa cifra es apenas un promedio: hay días en que la guardia se estira mucho más. “Son 16, 18 y 36 horas”, detalló sobre los turnos que reparten entre quirófanos, salas de internación y consultorios.

El doctor Franco Montagner, residente del Hospital de Clínicas de la UBA, llegó desde Jujuy para hacer su residencia y hoy sostiene que el esfuerzo económico es tan grande como el físico. “Cuesta llegar a fin de mes”, admitió sin vueltas. Lejos de su familia y con el costo de vida porteño como obstáculo diario, explicó que el alquiler se lleva buena parte de lo poco que gana.

Domínico pone números sobre esa dificultad. Calculó que un salario cercano a 1.800.000 pesos queda muy lejos de compensar las horas que exige la residencia. “Obviamente queda muy por debajo”, afirmó.

Montagner, por su parte, cobra bastante menos. “Un millón ochocientos, por ahí”, calculó sobre su sueldo mensual. Enfrente tiene el costo de un monoambiente en Buenos Aires, que según su experiencia y la de otros residentes ronda el millón de pesos. “Un alquiler, un monoambiente, sale un millón de pesos”, repitió, como quien ya hizo esa cuenta demasiadas veces. Lo que falta, reconoce, se lo cubre su familia.

La rutina diaria, sobre todo en los primeros años de residencia, no deja demasiado margen para otra cosa que no sea el hospital. Montagner lo describió con precisión de quien lo vive todos los días: “Entramos cinco, cinco y media de la mañana y nos vamos ocho, nueve de la noche”. Ante la pregunta de si en ese esquema hay lugar para un segundo trabajo que ayude a parar la olla, la respuesta es tajante: “No, por nada”.

Pero el reclamo de Domínico va más allá del bolsillo de los residentes. Para el jefe de residentes, lo que está en juego también es la calidad de la atención que recibe un paciente que llega al Clínicas. “No solo tenemos que hablar de lo que es educación”, planteó, y recordó que estos hospitales universitarios cumplen una doble función: forman médicos y, al mismo tiempo, atienden a la gente. “Son hospitales que dependen de ese presupuesto para poder garantizar la salud”, explicó.

Ahí es donde aparecen los faltantes que, según describió, complican el día a día de su especialidad. “No tenemos anestesiólogo, no tenemos disponibilidad de quirófano, no tenemos disponibilidad de implantes”, enumeró, casi como una letanía conocida entre quienes trabajan en el hospital. El resultado de esas carencias se traduce en listas de espera que se estiran mucho más de lo deseable. “Hay pacientes que están dos, tres años esperando”, aseguró sobre los casos que llegan a traumatología.

La falta de anestesiólogos, en particular, es uno de los cuellos de botella que más perjudica la actividad quirúrgica. Domínico calculó que el hospital cuenta con esos especialistas apenas dos o tres días a la semana. “De cinco días hábiles, por ahí contamos con dos o tres días por semana”, precisó.

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