Roma, 15 de octubre.- El papa León XIV conoce los límites que impone una enfermedad grave y decidió ponerse en manos de los médicos. Lo hizo con una naturalidad que llamó la atención dentro del Vaticano y que marca una diferencia con la relación tirante que mantuvo Francisco con los profesionales que lo atendieron durante sus últimos años. Robert Francis Prevost, de 71 años, tiene una historia familiar atravesada por el cáncer, una formación espiritual que encuentra en san Agustín una explicación sobre la fragilidad humana y una disposición personal que lo llevó a aceptar sin demoras la intervención quirúrgica. Ahora, mientras se recupera de la operación en el hospital Gemelli de Roma, esa misma actitud puede resultar determinante para definir el futuro de su viaje a la Argentina, previsto entre el 8 y el 11 de noviembre, cuya realización permanece sujeta a la evolución médica.
La situación presenta una particularidad. Mientras el Papa atraviesa una enfermedad que obliga a revisar los tiempos de su pontificado, dentro de la Iglesia continúan las conversaciones sobre los discursos que pronunciaría en la Argentina, las actividades pastorales y la relación con el gobierno de Javier Milei. El programa anunciado por la Santa Sede permanece formalmente vigente, aunque su realización depende de los estudios pendientes. En paralelo, distintos sectores eclesiásticos trabajan sobre el contenido de una visita que podría convertirse en uno de los acontecimientos religiosos y políticos más importantes de los últimos años en el país.
En Roma conviven así dos procesos. Uno transcurre en el hospital Gemelli, donde los médicos siguen la recuperación de un paciente al que le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho después de detectar un adenocarcinoma. El otro se desarrolla en los ámbitos de la Curia, entre religiosos argentinos y en los equipos encargados de organizar la visita. Allí se discuten cuestiones que abarcan desde el tono de los discursos papales hasta la presencia de funcionarios en determinadas actividades. También aparecen diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia y la preocupación de sectores vinculados con Francisco por el contenido social que debería preservar el nuevo pontificado.
La primera cuestión tiene, sin embargo, una prioridad evidente. León XIV enfrenta una enfermedad cuyo alcance definitivo todavía debe determinarse. Los resultados iniciales de la operación fueron favorables, pero resta conocer información clínica necesaria para establecer si deberá recibir tratamientos adicionales. Los médicos tendrán una intervención decisiva sobre la agenda de un hombre que, desde su elección en mayo de 2025, había desarrollado una intensa actividad y proyectaba una gira de doce días por Uruguay, Argentina y Perú. Son trece vuelos los previstos por Sudamérica, una exigencia física y mental que deberá tener una autorización médica rigurosa.
La decisión de someterse a la cirugía ofrece una aproximación a su manera de afrontar la enfermedad. El domingo 11 de octubre, durante el Ángelus en la plaza de San Pedro, el propio León XIV informó que los médicos habían detectado un nódulo pulmonar en una etapa temprana. Explicó que los especialistas consideraban conveniente intervenir y que había aceptado esa recomendación. “Por eso, siguiendo sus consejos, he decidido operarme para removerlo”, afirmó ante los fieles.
La expresión contiene un rasgo que sus interlocutores destacan especialmente: la disposición a reconocer los conocimientos de los profesionales y aceptar las decisiones que corresponden al tratamiento de su salud. Prevost es definido en esas conversaciones como un paciente disciplinado, previsor y consciente de las experiencias familiares que atravesaron su vida. Su confianza en la medicina convive con su fe religiosa y con una percepción de la vida en la que la enfermedad y la muerte forman parte de la condición humana. Para quienes siguen de cerca su recuperación, esa disciplina constituye una característica que puede resultar determinante a la hora de decidir si está en condiciones de viajar a Sudamérica.
La diferencia con Francisco surgió en la prensa italiana después de la internación. Durante los últimos años de Jorge Bergoglio, sus médicos debieron negociar en numerosas oportunidades las recomendaciones de reposo y las limitaciones que imponían sus problemas respiratorios. El Pontífice argentino mantenía una relación exigente con los profesionales y procuraba conservar, dentro de sus posibilidades, la actividad pastoral. Esa disposición formaba parte de su personalidad y había generado dificultades incluso cuando los especialistas consideraban necesario reducir sus compromisos públicos.
El propio Francisco había reconocido esa característica en conversaciones con el periodista y médico argentino Nelson Castro, autor de un libro sobre la salud de los papas. Bergoglio relató algunas experiencias médicas y las dificultades que había tenido para aceptar determinadas indicaciones. La relación entre sus convicciones personales, su voluntad de mantener la actividad y las recomendaciones de los profesionales apareció en distintas etapas de su pontificado.
En otras oportunidades, sus médicos debieron insistir para que aceptara períodos prolongados de recuperación. Durante su última internación en el Gemelli, entre febrero y marzo de 2025, el equipo encabezado por Sergio Alfieri enfrentó episodios respiratorios de extrema gravedad. Francisco aceptó los tratamientos y las intervenciones necesarias, aunque su deseo de retomar las actividades continuó presente hasta los últimos días de su vida.
La comparación entre ambos pontífices refleja dos estilos personales. Bergoglio solía discutir los límites que le imponían los médicos y evaluar las recomendaciones en función de sus obligaciones pastorales. Prevost, por lo que mostró hasta ahora, parece inclinarse por una relación más disciplinada con los especialistas. Esa diferencia adquiere importancia ante una cirugía que exige rehabilitación respiratoria y controles posteriores.








