Redacción, 11 de octubre.- Cuando los grandes estudios de Hollywood buscan dónde rodar, Estados Unidos pierde la disputa con creciente frecuencia.
Una coalición de sindicatos del entretenimiento —IATSE, el Sindicato de Directores de América (DGA) y SAG-AFTRA— encargó a la consultora EY un análisis exhaustivo que mapea dos décadas y media de fuga silenciosa: la industria creció, los presupuestos se multiplicaron, pero la porción que quedó en suelo americano se redujo a la mitad, según reveló Variety.
El informe, que analiza películas con presupuestos de USD 5 millones o más —en dólares de 2025— y episodios de TV desde USD 1 millón, arroja cifras contundentes: hace 25 años, los estudios destinaban el 74% de sus presupuestos cinematográficos a producciones en el país; hoy ese porcentaje cayó al 42%.
En televisión, la caída fue del 94% al 64%. El dinero no desapareció; se redistribuyó hacia Canadá, el Reino Unido y decenas de países que construyeron regímenes de incentivos fiscales más atractivos.
El caso de las superproducciones ilustra el problema con mayor crudeza: entre las 25 películas más costosas de cada año, la participación estadounidense se desplomó del 74% al 34%.
Ese grupo de filmes concentra una cuarta parte de todas las producciones de los grandes estudios, pero representa la mitad del empleo de equipo técnico y dos tercios de los presupuestos totales.
El propio informe lo cuantifica: de haberse mantenido constante la cuota de mercado estadounidense en el período analizado, la industria local habría recibido anualmente unos USD 4.000 millones adicionales en producción de cine y televisión.
En términos absolutos, el gasto de los estudios en cine creció de USD 3.000 millones a USD 7.000 millones anuales en ese lapso, mientras que en televisión la expansión fue aún más pronunciada: de USD 933 millones a USD 8.400 millones. Pero ese crecimiento se repartió, en proporciones crecientes, en locaciones del exterior.
El contexto inmediato del informe es el debate en el Congreso sobre si crear un incentivo fiscal federal de entre el 20% y el 30% para reactivar la producción doméstica; los sindicatos sostienen que los subsidios estatales ya no alcanzan y que solo una intervención a nivel nacional puede frenar el declive.
El deterioro económico de la industria trascendió los límites del sector y entró de lleno en la política local.








