Redacción, 10 de octubre.- En las montañas de los Abruzos, a unos 1.300 metros de altitud, Santo Stefano di Sessanio conserva apenas 102 habitantes, según los datos más recientes del Istituto Nazionale di Statistica (ISTAT). La cifra confirma una tendencia que lleva más de un siglo en marcha y que convirtió a este antiguo pueblo lanero en un caso de estudio sobre la despoblación rural en Italia, pero también en el escenario de un experimento hotelero poco convencional, el Sextantio.
El declive demográfico de la localidad se remonta a comienzos del siglo XX, cuando la industria textil que había dado prosperidad al pueblo desde el siglo XVI comenzó a perder peso frente a los cambios económicos de la posguerra. Miles de habitantes emigraron hacia las grandes ciudades italianas o cruzaron el Atlántico rumbo a Canadá, Francia, Bélgica y Alemania, según registra el propio archivo histórico del municipio. El fenómeno, común a buena parte del interior abruzense, dejó a Santo Stefano al borde de la desaparición.
Donde antes vivían cerca de 3.000 personas, hoy sobreviven poco más de cien. El Istituto Nazionale di Statistica ubica el municipio entre los menos poblados de la provincia de L’Aquila, con un índice de envejecimiento elevado y un saldo natural negativo sostenido. Según proyecciones demográficas basadas en estos datos, de no mediar nuevas políticas de atracción, la población podría contraerse hasta las 95 unidades en la próxima década.
Fue en ese contexto de vaciamiento que Daniele Kihlgren, empresario italiano vinculado a la industria del cemento, decidió invertir en la recuperación del casco histórico. En lugar de construir edificios nuevos, Kihlgren optó por restaurar las viviendas existentes y convertir casi un cuarto del pueblo en un hotel disperso, conocido en italiano como albergo diffuso (hotel disperso). El concepto implica que las habitaciones y suites del Sextantio Hotel Abruzos no se agrupan en un único edificio, sino que se reparten entre las construcciones originales del pueblo, junto a la recepción y el restaurante.
El proyecto se apoyó en fotografías de archivo, relatos orales y el trabajo de un antropólogo para reconstruir el aspecto original de las estancias. Las paredes conservan las marcas dejadas por generaciones de habitantes, y los materiales reciclados, chimeneas, suelos y muebles, provienen de desvanes y vertederos de la región. “Hicimos todo lo posible para proteger las huellas de este legado histórico”, explicó Kihlgren, quien también desarrolló un segundo hotel con el mismo formato en las cuevas de Matera, a unos 400 kilómetros al sur. La Guía Michelin incluyó al Sextantio entre sus establecimientos distinguidos con una Llave Michelin, y describe la propuesta como “un proyecto pionero de albergo diffuso” alojado en un entorno de “extraordinaria belleza” junto al Parque Nacional del Gran Sasso.
Santo Stefano di Sessanio se suma así a la lista de pueblos italianos que pagan por mudarte, aunque con un esquema propio, distinto del programa de las llamadas casas a un euro en Italia vigente en otras localidades del país, del que este municipio no forma parte. La administración local lanzó en cambio un programa de incentivos económicos dirigido a frenar el vaciamiento demográfico, según información difundida por el propio comune. La iniciativa contempla ayudas de 44.000 euros para vivir en Italia repartidas en dos líneas, hasta 8.000 euros anuales durante tres años para cubrir los costos de instalación, y un aporte único de hasta 20.000 euros destinado a quienes inicien una actividad económica en el territorio.
Pueden postularse ciudadanos italianos, residentes de la Unión Europea o personas con permiso de residencia permanente en Italia, siempre que tengan entre 18 y 40 años y se comprometan a vivir en el pueblo durante al menos cinco años. Las actividades económicas que el programa busca fomentar están directamente ligadas a la identidad del territorio, entre ellas los alojamientos rurales, la gastronomía regional, las artesanías y los servicios turísticos vinculados al Parque Nacional Gran Sasso e Monti della Laga, en cuyo territorio se encuentra el municipio.
Kihlgren, consultado sobre la propuesta municipal, mantuvo una posición cautelosa. “El resultado dependerá realmente de cómo elijan a las personas que se instalen aquí”, señaló, en línea con su convicción de que la revitalización de un lugar como Santo Stefano exige cierta firmeza para evitar que el turismo termine por deteriorarlo. Para el fundador del Sextantio, el proyecto hotelero responde ante todo a una lógica de conservación del patrimonio, no a la construcción de un destino turístico convencional, y sostiene que la experiencia del hotel disperso debería estar al alcance de cualquier viajero dispuesto a conocer el pueblo que estuvo a punto de desaparecer.








