Victoria, 4 de octubre.- Donald Trump y Javier Milei celebran. Y no sólo ellos: Brasil se ha entregado este domingo a la ola de derecha dura que recorre América Latina, con un gran resultado de Flávio Bolsonaro, a un paso de convertirse en nuevo presidente gracias a una contundente victoria sobre el actual jefe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva.
Bolsonaro, de 45 años e hijo mayor del ex presidente Jair Bolsonaro, obtenía con el 65% escrutado el 49,58% de los votos. Lula, que busca ser elegido presidente por cuarta vez para gobernar de los 81 a los 85 años, quedaba muy por debajo de sus expectativas, con un 42,25%.
Con estos resultados, Bolsonaro y Lula deberán medirse en una segunda vuelta el 25 de octubre para definir quién se instala a partir del 5 de enero en el Palacio del Planalto. La diferencia a favor de Bolsonaro es, sin embargo, considerable, y el vencedor de la primera vuelta cuenta también con la ventana de que la mayoría de los votos que fueron a otros candidatos, más de un 8%, son mayoritariamente de derechas.
Si Bolsonaro se confirma en tres semanas como el nuevo presidente, Brasil, la pieza mayor, habrá caído: el país-continente, el último de relevancia que se resistía en Sudamérica, se sumará a la Argentina de Milei, la Colombia de Abelardo De la Espriella, el Perú de Keiko Fujimori, el Chile de José Antonio Kast y otros países en manos de la derecha dura. Sólo el pequeño Uruguay, con Yamandú Orsi, es gobernado por la izquierda. Venezuela, controlada por Estados Unidos, entra en otro tipo de categorías políticas.
Trump, con el que Lula mantuvo una mala relación, se frota las manos: Brasil es la mayor economía de América Latina, noveno PIB mundial, segunda reserva de tierras raras del mundo, gran productor de energía y alimentos. A la alianza de Brasil en los BRICS con otras potencias como China, Rusia, India o Irán no debería quedarle mucha vida. Y la pelea con Argentina, con Bolsonaro presidente, será un recuerdo del pasado.
¿Está escrita la victoria del hijo de Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de prisión por liderar un fallido golpe de Estado?
Está escrita y sólo le falta la rúbrica, porque la situación de la izquierda es dramática. A Lula ni siquiera podría funcionarle dentro de tres semanas que el temor al regreso de la derecha bolsonarista movilice a todos aquellos que simpatizan con la izquierda, pero este domingo no fueron a votar. ¿El problema? Que esos votos potenciales son muy pocos: hace cuatro años votó el 79% tanto en la primera como en la segunda vuelta. Y esta vez, exactamente esa misma cifra.
«El mapa de Brasil muestra una ola de derechas muy fuerte», certificó en Globo News la analista Andrea Sadi, en una noche que era una verdadera pesadilla para el Partido de los Trabajadores (PT), arrasado en buena parte del país. Bolsonaro sacó ventaja sobre Lula desde el primer escrutinio, con unos ocho puntos. Pero era apenas el 1,2% de los sufragios emitidos, recalcaban los expertos: como los votos del sur, región de fuerte presencia bolsonarista, son contados más velozmente, hay que esperar a que ingresen los del Nordeste, que es más lulista, añadían.
Vana ilusión de la izquierda. El escrutinio avanzaba y la diferencia a favor de Bolsonaro no sólo no se reducía, sino que crecía hasta rozar los 11 puntos. Con un 25% de los votos escrutados, Lula comenzó a recuperar diferencias, aunque Bolsonaro seguía por encima del 50% que le garantiza el triunfo en primera vuelta.
Hubo que esperar hasta que se escrutó el 64,81% para que la definición regresara a una segunda vuelta, que es lo que se pronosticaba en la previa, aunque el Bolsonaro dijo en el tramo final de la campaña que ganaría en primera vuelta.








