Redacción, 11 de septiembre.- Dos nuevas muertes por influenza en Panamá fueron incorporadas por el Ministerio de Salud (Minsa) durante la semana epidemiológica 33, comprendida entre el 16 y el 22 de agosto. Con estos registros, el acumulado nacional aumentó de 61 a 63 fallecimientos en lo que va de 2026.
La actualización mantiene a los adultos mayores como el grupo más afectado por las complicaciones mortales. De las 63 defunciones registradas, el 61.9% correspondió a personas de 65 años o más, mientras que los menores de un año y los adultos de 60 a 64 años representaron conjuntamente el 9.5%.
El historial de vacunación también expone una característica recurrente entre las víctimas. El Minsa informó que el 98.4% no había recibido la vacuna contra la influenza de la temporada actual y el 82.5% tampoco estaba vacunado contra la temporada de 2025. Además, el 82.5% tenía factores de riesgo.
Entre las condiciones asociadas con mayor frecuencia aparecen la edad avanzada y las enfermedades metabólicas, cardiovasculares y renales. Estos antecedentes pueden reducir la capacidad del organismo para responder a la infección y favorecer cuadros como neumonía, descompensación de enfermedades crónicas, insuficiencia respiratoria o afectación de varios órganos.
La influenza generalmente comienza con fiebre, tos, dolor de garganta, congestión nasal, cefalea, dolores musculares y cansancio intenso. Aunque muchas personas se recuperan en pocos días, la aparición de dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión, deshidratación o un deterioro repentino exige atención médica.
En niños pequeños, las señales de urgencia incluyen respiración acelerada, labios o rostro azulados, fiebre acompañada de erupciones, convulsiones y dificultad para mantenerse despiertos. También debe buscarse asistencia cuando los síntomas mejoran y después regresan con fiebre o una tos más intensa, porque puede existir una complicación secundaria.
El síndrome gripal también mostró un incremento entre ambos informes. Los casos notificados pasaron de 696 en la semana 32 a 741 durante la semana 33, una diferencia de 45 y un aumento aproximado del 6.5%. Pese a esa variación, la cifra fue inferior a los 1,236 casos observados en igual periodo de 2025.
El acumulado anual de síndrome gripal alcanzó 28,441 casos y una tasa de 615.1 por cada 100,000 habitantes. En la semana anterior se contabilizaban 27,645. La diferencia entre ambos acumulados supera los casos reportados en el último periodo, lo que puede responder a actualizaciones incorporadas posteriormente al sistema de vigilancia.
Las infecciones respiratorias agudas graves, categoría que incluye bronconeumonías y neumonías, permanecieron estables. El reporte pasó de 483 a 482 casos semanales, apenas uno menos. Sin embargo, el acumulado aumentó de 12,833 a 13,379, con una tasa de 289.4 casos por cada 100,000 habitantes.
Una infección respiratoria puede volverse mortal cuando los pulmones dejan de oxigenar adecuadamente la sangre, aparece sepsis o se descompensa una enfermedad previa. El riesgo aumenta en adultos mayores, bebés, embarazadas, personas inmunosuprimidas y pacientes con problemas cardíacos, pulmonares, renales o metabólicos, especialmente si demoran la consulta médica.
En malaria, el total acumulado pasó de 5,062 a 5,186 casos, una diferencia de 124. Sin embargo, este aumento no representa únicamente contagios detectados durante la semana 33: el Minsa notificó 11 casos recientes e incorporó otros 113 correspondientes a periodos anteriores.
La malaria suele provocar fiebre, escalofríos y dolor de cabeza, síntomas que pueden confundirse con otras enfermedades febriles. En sus formas graves puede causar cansancio extremo, alteración de conciencia, convulsiones, dificultad respiratoria, orina oscura, ictericia o sangrado. Sin tratamiento, algunas infecciones pueden avanzar rápidamente y resultar mortales.








