Redaccion, 29 de agosto.- Islandia se juega este sábado algo más que un simple “sí” o “no” a Europa. Cerca de 273.000 ciudadanos están llamados a las urnas para decidir si el país debe volver a sentarse con Bruselas y reabrir las negociaciones para entrar en la Unión Europea, un proceso que quedó congelado hace más de una década. La consulta llega en un momento de fuerte división interna y con un resultado todavía abierto. Los últimos sondeos apuntan a una ligera ventaja del “sí”, pero dentro de un margen estrecho. Los colegios electorales en Islandia abren hoy sábado de 9:00 a 22:00 horas (de 11:00 a 00:00 hora de España).
Islandia solicitó su adhesión en 2009, en plena crisis financiera, cuando el entonces Gobierno de coalición de izquierdas consideró que integrarse en el bloque podía ofrecer mayor estabilidad económica. Las negociaciones avanzaron durante varios años, pero quedaron suspendidas en 2013 por las divisiones políticas y, especialmente, por la oposición de sectores estratégicos como la pesca y la agricultura. En 2015, el Ejecutivo de centroderecha comunicó a Bruselas su intención de retirar la candidatura, aunque el proceso nunca llegó a cerrarse formalmente.
El actual Gobierno de coalición de centroizquierda, que ganó las elecciones de 2024, incluyó entre sus pactos la obligación de consultar a los ciudadanos sobre retomar las conversaciones con la UE antes de 2027. El Parlamento dio luz verde a la consulta el pasado 29 de mayo, abriendo un debate que ha vuelto a colocar la relación con Europa en el centro de la política islandesa. La pregunta que lanzan a los ciudadanos es clara: “¿debe Islandia reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea?“.
Los sondeos dan una pequeña ventaja al “sí”, aunque la diferencia es tan estrecha que la participación puede resultar decisiva. Una victoria del “no” supondría cerrar el debate durante varios años, mientras que el “sí” permitiría recuperar las negociaciones desde el punto en que quedaron suspendidas. Bruselas considera, además, que la candidatura sigue formalmente abierta al no haberse retirado de manera oficial.
La primera ministra, Kristrún Frostadóttir, y su Alianza Socialdemócrata defienden el “sí”, al igual que el partido centrista Reforma. El Partido del Pueblo, en cambio, ha optado por no respaldar ninguna de las dos opciones. La división también se refleja territorialmente: Reikiavik y su área metropolitana concentran el apoyo a retomar las conversaciones con Bruselas, mientras las zonas rurales son más reacias, especialmente por el temor a perder capacidad de decisión sobre sectores como la pesca.
Los defensores de la adhesión ven en la UE una vía para reforzar la estabilidad económica de Islandia, reducir su vulnerabilidad frente al contexto internacional y ganar peso político en Europa. En los últimos meses han destacado su valor estratégico ante la creciente rivalidad en el Atlántico Norte y el Ártico. Para Europa, la incorporación de Islandia tendría también un valor estratégico en la zona norte. Los movimientos geopolíticos de Donald Trump, reclamando el control estadounidense de Groenlandia, y la presión de Rusia con la cada vez más habitual presencia de sus buques han convertido la seguridad en un aspecto clave.
La pesca y la agricultura serían los principales puntos de fricción en unas negociaciones que apenas llegaron a abordar estos asuntos. Un acuerdo tendría que ser ratificado en una nueva consulta y acompañado de una reforma constitucional aprobada por el Parlamento. Después se celebrarían elecciones y la nueva Cámara volvería a votar sobre la adhesión.








